(HACIA EL DESENLACE)
Los invasores son los que deciden, si acaso, irse, cuándo y cómo se van. En cuanto a la asistencia sanitaria, hay una pequeña observación en un aspecto especial referente a la sarna que traen estos visitantes: se debe aprovechar la ocasión para facilitar el contagio a los ceutíes, es muy conveniente que se vayan habituando a estas nuevas sensaciones para cuando pasen a ser súbditos del Sultán, si es que decide que puedan sobrevivir. En resumen, los invasores que vuelvan a su país solo regresarán cuando ellos lo estimen oportuno y siempre mucho mejor de lo que llegaron. Y todo gratis total.
Ante los niños que envía el Sultán, existen dos posibilidades: devolverlos a sus familias o secuestrarlos. El gobierno español elige la segunda opción, incluso en contra de lo expresado por la Unión Europea. Aquí sí, aquí España decide hacer valer su soberanía.
Lo que no se puede ni se debe planear de ninguna manera es cualquier tipo de represalia ni la menor respuesta por las agresiones objetivas de Marruecos. En esta sana política de no hacer nada que pueda incomodar al Sultán: por supuesto, España mantendrá los suministros energéticos a Marruecos, y seguirá prolongando el intenso tráfico por nuestras carreteras de los camiones alauitas que transportan mercancías a España y a Europa; en cuanto a este transporte es interesante destacar el de verduras (en detrimento de los agricultores españoles) incluso con hepatitis por el mismo precio; también continuará el enorme tráfico de veraneantes marroquïes que atraviesan la península en coche recargando y gastando intensamente esas vías, cuando podrían hacer perfectamente ese trayecto por barco o en avión. Y, por supuesto, nada de pedir indemnizaciones por todos los perjuicios y cuantiosos gastos extra ocasionados por estas visitas no solicitadas, sobre todo las más multitudinarias. Del boyante tráfico de drogas no diremos nada porque es el medio de vida de muchas familias marroquíes.
Siempre es preferible poner constantemente la otra mejilla (¡lástima que solo tengamos dos mejillas!) y seguir dando las prebendas que hagan falta y las que nos exijan. Aunque también es posible que nuestra mansedumbre acabe por aburrir al Sultán y decida darnos un buen repaso con sus grandes aliados, como Estados Unidos y Francia; además de contar con una Quinta Columna ya muy bien desarrollada. Lo que quede de España pasará al catálogo de culturas y pueblos extinguidos. Como es bien sabido, la gran suerte de tener unos amigos así es que ya no necesitamos enemigos. (Por supuesto, ya sabemos que nuestro enemigo oficial es Rusia).
Además, como el empresario-presidente de USA tiene alguna dificultad con el estrecho de Ormuz, ha fijado sus ojos en el estrecho de Gibraltar, mucho más acorde a su poderío y esplendor. Uniendo las aguas territoriales de Marruecos con las de Ceuta, Melilla, Gibraltar británico, bases militares angloamericanas en Andalucía (convenientemente guantanamizadas) y algún resto español, es evidente que el Estrecho de Gibraltar quedará totalmente en poder del Tío Sam. Obviamente, su denominación deberá cambiar de Estrecho de Gibraltar a Estrecho de Trump.
Con todas estas medidas y cambios quizás el Sultán pueda perdonarnos y espaciar un poco más las Marchas Verdes y otras de sus afectuosas agresiones. Un buen vecino es un gran tesoro.
Pero lo que resulta evidente es que un trato tan cordial y melifluo con estos fieles agresores parece mostrar una cierta mala conciencia que podría llegar incluso a dar la razón al Sultán. Tal vez sería oportuno señalar todos los países que tienen territorios de soberanía fuera de su metrópoli, y a veces lejos o muy lejos.
Finalmente, si se ha decidido que nuestra frontera sur la defienda la Madre Teresa de Calcuta, vale. Pero entonces que no nos sorprenda ni incomode que la presidenta Meloni pida nuestra expulsión de Shengen.