Parece que ya va cediendo la resaca por el triunfo de España en el Campeonato Mundial de Fútbol, con un resultado que parece haber provocado una felicidad que sorprendentemente se ha extendido para muchos, en casi todo el mundo e incluso por casi toda España. Apenas sin haber podido salir del asombro por los ecos de este acontecimiento, me permito añadirme a la legión de comentaristas de este acontecimiento, esperando poder añadir algún detalle o motivo más o menos olvidado o nuevo.
Debo confesar que no soy muy futbolero, pero creo que un suceso de esta magnitud puede trascender muchas preferencias y actitudes personales. Sin duda nos encontramos ante una auténtica gesta de la Selección Española de Fútbol. Creo no exagerar, porque realmente este hecho tiene las características de una verdadera gesta y porque las gestas ahora son así y, en cualquier caso, prefiero estas gestas a las habituales- de personajes como los presidentes Trump, Netanyaju y Putin matando gente.
Mi admiración y mi gratitud para todos los futbolistas españoles seleccionados y galardonados en esa Copa Mundial, pero hay una persona singular a la que quiero rendir también un modesto homenaje especial con todo mi mayor reconocimiento y entusiasmo, me refiero a Don Luis de la Fuente, el seleccionador y entrenador de este equipo. Sin duda, es un tipo raro. A lo largo de más de diez años ha estado trabajando con un plan, un método, un objetivo; con la precisión y el cuidado de un orfebre, con toda la fe, disciplina y constancia necesarias; procedimiento tanto más exótico en este país, que a veces se muestra como el paraíso de la improvisación y del manga por hombro.
No recuerdo ninguna ocasión en que España haya alcanzado semejante ola de afecto y hasta de admiración, nacional y extranjera, por cualquier otra clase de acontecimiento. Más bien estas unanimidades hacia España se consiguen normalmente por rechazo, burla y hasta hostilidad. Lo cierto es que la excelencia no es cosa fácil de alcanzar incluso en el fútbol y, desde luego, así parece haber sido en este caso y así se acabó reconociendo.
Desde luego hay que reconocer que Argentina hace un fútbol mucho más creativo, mezcla de algo de fútbol, con rugby, lucha libre y teatro, además de muchas otras habilidades. Por comparación España tal vez sea un poco muermo porque solo hace fútbol. Sin embargo, a lo que pude ver y entender, España dominó en todo este partido de la final aunque, eso sí, con bastante mala suerte: solo se le reconoció un gol, cuando pudieron ser tres o cuatro goles más.
Pero ¿Qué pasó con Argentina? Creo que el problema es distinto en Argentina. Distinto y más profundo y más grave. Algo que está mucho más allá, o más acá, del Futbol: Me parece que Argentina es una nación que se encuentra en un estado casi terminal, y que lo único que les queda a los pobres argentinos es el Fútbol. De ahí tanta desesperación, tanto exabrupto, tanta desolación.
Menos mal que Argentina está muy bien dotada de psiquiatras, psicoanalistas, psicólogos y cualquier experto en salud mental. Seguramente ahí podría estar el remedio a este increíble tsunami futbolístico. Que así sea.
Antes de acabar, solamente señalar lo que me parece un punto negro en esta gran fiesta: de otra copa de campeonato, también mundial, también de fútbol, también por estas mismas fechas, también obtenida por el equipo nacional español, en este caso femenino (lo ponemos con minúsculas para que no se moleste nadie), triunfo del que apenas se ha sabido nada. Silencio casi absoluto. Y me resulta muy triste ver que continúa este ninguneo de siempre para el fútbol femenino. En fin, no pasa nada, espero que nuestras futbolistas ya se habrán acostumbrado a tener que desarrollar su actividad casi en la clandestinidad.