Mayo va despidiendo la primavera no con flores sino con más material para la crónica negra internacional y nacional. La primera quedó muy bien servida por ese gran emprendedor de guerras que es el empresario-presidente Trump, atacando a Irán, genialidad a la que quiso arrastrar a su Otan, pese a que no hay ninguna razón para involucrar al ejército de su protectorado en un pleito fuera de su jurisdicción.
Al parecer quería liberar a la mujer iraní de la tiranía de los ayatolas. Sabido es que en su currículum el empresario-presidente destaca como un gran conocedor y protector de las niñas y de las mujeres. Aunque hay otro buen grupo de entusiastas aliados del Tío Sam (por cierto, muy próximos geográficamente a Irán) que no se distinguen precisamente por su entusiasmo feminista, pero hay que reconocer que su petróleo resulta mucho más controlable que el de los ayatolas.
Una de las últimas amenazas del empresario-presidente la ha dedicado al Reino Unido, anunciando que podría ayudar a Argentina en su reivindicación de las Islas Malvinas. Aunque no es probable que la cosa pase de la simple amenaza, la baladronada nos toca muy de cerca porque en nuestro caso tendría muchas posibilidades una ayuda real a Marruecos en sus reclamaciones de Ceuta, Melilla y Canarias. Y en caso de guerra, dados los poderosos aliados de Marruecos, hasta podría caer también un pedazo de Andalucía, el muy significativo que contiene dos bases militares angloamericanas, una colonia inglesa y una zona muy turística y no ajena a la floreciente industria del Narco. Si un país con tan sólidos lazos con Estados Unidos como Inglaterra ha podido recibir semejante amenaza, un país tan odiado como España podría ser, además, la próxima Ukrania-Irán-Venezuela, todo junto y por el mismo precio.
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