Tras el paréntesis por razones sobre todo pandemionosas, reanudamos nuestro pequeño blog, a modo de recopilación de urgencia y algo abrumado por el alud de importantes acontecimientos de estos últimos meses. No podemos evitar el pensar en la que se dice maldición china: «Ojalá tengas que vivir una época interesante». Desde luego, no se puede negar que la época es bien interesante, aunque nos esforzaremos en no tomar el asunto como una verdadera maldición.
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BALANCE DE URGENCIA
Sin duda, el acontecimiento más importante y más terrible de las últimas semanas es la guerra de Ucrania. Confieso que antes de comenzar esta guerra no sabía muy bien quién me caía peor, si Biden o Putin, ambos, cada uno a su modo, pendientes de sus pomporrutas imperiales y deseosos de darse de bofetadas en el rostro de otros. Putin no tiene bastante con que Rusia siga siendo el país más grande del mundo y no permite que Ucrania se vaya con la vacilante Europa; últimamente, además, le está dando menos al polonio y esto como que le hace añorar un poco de acción. Biden anda también algo nostálgico de las constantes guerras USA, por supuesto, siempre fuera de casa, aunque no se le puede negar el mérito de haber hecho retornar a los rusos al club de ‘los malos’. Y en medio, Europa, de mamporreros-palanganeros de EE.UU. con su espantajo de la OTAN, sin saber muy bien qué hacer, en contraste con la clara y expedita actitud de Biden, de contar exclusivamente con su OTAN («La OTAN como pretexto«) y con sus british e ignorando por completo a Europa, que solo interesa como escenario de una posible nueva gran conflagración.
En fin, una triste y absurda historia en la que está sufriendo y muriendo mucha gente, que valen mucho más que los imbéciles-canallas que la promueven. (Unos amigos finlandeses me cuentan que llevan tiempo aprovisionándose de pastillas de yodo…)
En la otra punta de Europa, Francia ha tenido elecciones y la cosa ha estado en un tris de que ganara la ultraderecha. Pero se impuso la sensatez, y qué mayor sensatez que elegir de presidente a un exbanquero.
El asunto tiene su especial interés para nosotros, porque Francia siempre ha ejercido una poderosa influencia sobre España, unas veces para bien y otras veces para mal. Y en estos momentos, esa intensa relación me produce un fuerte latigazo en el espinazo. Francia tuvo el gobierno de Vichy durante 4 años, y nosotros tuvimos con Franco nuestro ‘Vichy’ particular durante 40 años. El fascismo crece y tal vez tengamos que poner nuestras barbas a remojar. Aunque temo que no tengamos tantas barbas.
Y aún hay otra enseñanza francesa. El partido socialista italiano desapareció y el partido socialista francés parece seguir su camino al sacar menos del 2 % de los votos en las últimas elecciones. ¿Una premonición sobre el futuro del partido socialista español?
Por lo demás, España continúa con su incesante rosario de casos aislados de corrupción a todos los niveles, desde emprendedores informales -esforzados comisionistas-, ante los que la Justicia está actuando con inusitada rapidez (no así contra los no menos inusitados y esforzados pagadores) para satisfacción y solaz del respetable, hasta asuntos de Estado que revelan el estado de este Estado.
Así, aprovechando el cambio en la dirección del principal partido de la oposición, el gobierno ha señalado que «retoman el diálogo en temas de Estado», entre los que está el asunto de los jueces caducados. Fantástico: Van a «retomar» el diálogo. Es como si el gobierno retomara el diálogo con Jack el Destripador para rogarle que asesine un poco menos o lo haga con menos destripamiento y efusión de sangre. ¡Pedazos de interlocutores versallescos!, tratando el muy repugnante asunto de los jueces caducados por más de ¡tres años!, como si fuera un leve incidente burocrático sin la menor importancia.
El espectáculo sería nauseabundo si no resultara tan ridículo. Lo menos que se debería hacer con los caducados es ponerles de sueldo exclusivamente el salario mínimo, si en un plazo máximo de tres meses (justificando puntualmente ese posible retraso) no han abandonado el puesto extinguido para ellos. Seguir cobrando indebidamente esos emolumentos es eso, una apropiación indebida, un robo. Las autoridades suelen ser bastante rígidas con este género de lapsus, exigiendo la devolución de las cantidades cobradas de más; claro, siempre que los infractores sean vulgares currantes.
Si medidas y soluciones tan obvias no son adoptadas en este sórdido caso, la explicación más lógica es que ambas partes están de acuerdo en semejantes apaños.
Hace unas semanas existía una ciudad llamada Mariupol. Dentro de uno o dos años, los españoles podemos estar practicando el paso de la oca.
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