Tremenda conmoción la de la elección de Trump, y me parece que no es para tanto, en el sentido de que es bueno todo lo que suceda para clarificar las cosas. Se trata solamente del desenlace de un proceso muy claro y muy previsible que afecta a toda la Humanidad. Si cada vez los ricos son más ricos y cada vez la clase media está peor y más depauperada, engrosando a la clase de los pobres, cada vez más pobres, es lógico que la primera potencia mundial estrene un gobierno formado por millonarios.
Ocurre que ya hace tiempo tenemos muy claro dónde radica el poder real del mundo: en el dinero. Con más o menos descaro, son los poderosos de la economía los que manejan todos los resortes del poder, de manera que los políticos sólo son sus delegados, los diligentes empleados que trasladan a las leyes toda la normativa necesaria para hacer cada vez más cómodo todo el proceso de feroz acumulación de riqueza y poder de estos dueños del mundo. Estos políticos adoptan diferentes posiciones y aspectos según el rango de sus respectivos países, desde serios y eficientes capataces hasta patéticos dominguillos y palanganeros de sus amos. Todo un amplio catálogo de situaciones espeluznantes vienen ilustrando el panorama imperante: los paraísos fiscales, las puertas giratorias, las multinacionales invasoras, la Banca subvencionada, la impunidad garantizada por los desmanes, etc., etc. Es lo que venimos entendiendo por «El Sistema». Sigue leyendo

