España siempre ha sido un país bastante creativo, salvo en un campo en principio especialmente refractario a todo lo que tenga algo que ver con la creación y la imaginación en general: la política y los políticos.
Sin embargo parece romperse entre nosotros esta especie de maleficio que pesa sobre la política y quizá debamos corregir en este aspecto esa percepción, a la vista de los inventos y aportaciones verdaderamente revolucionarias que vienen presentando nuestros partidos políticos. Basten algunos ejemplos absolutamente luminosos. Sigue leyendo





