Confieso que soy de los españoles que han contenido la respiración en las últimas elecciones. Finalmente, no se consumó la vuelta a la época de las Cruzadas, ni a la glorificación oficial de nuestra propia Cruzada, con militares asilvestrados ensalzando al militar traidor y, por tanto, sin honor.
Pudimos recuperar el resuello y esperar que al menos tengamos una razonable seguridad en que España no seguirá despeñándose por la sima de la degradación. El PP, el único partido expulsado del gobierno por su corrupción, recoge al fin el fruto de su rapiña compulsiva; ha resistido de manera increíble, protegido por unos jueces fieles, unos medios ‘comprensivos’ y unos votantes con unas tragaderas de cocodrilo, o sinceros admiradores de semejantes procedimientos. Pero finalmente consiguió hartar a muchos de sus incondicionales, si bien es cierto que sólo cuando éstos pudieron contar con recambios de su confianza. Sigue leyendo





