DE LEYENDA NEGRA

De un tiempo a esta parte menudean en Youtube la presencia de personas que han emigrado a España y cuentan sus impresiones, en general muy favorables. Es sorprendente ver cómo ponderan grandemente cuestiones normales de la vida cotidiana española, pero sorprende más todavía la frecuente descripción que hacen de la realidad de sus países de origen, que a veces relatan realidades muy próximas a situaciones con aspectos de auténtico salvajismo. Entre estos inmigrantes, con la mayoría en este foro de hispanoamericanos, predominan en estas apariciones los de nacionalidad argentina y, curiosamente, muchos de ellos acceden a España con pasaporte italiano. Viene a ser una diáspora a la inversa de la que hace tiempo realizaron los españoles a sus países por motivos semejantes y quizás con parecidas expectativas. Vaya para todos nuestra más sincera bienvenida y el más ferviente deseo de que les vaya bien y de que consigan acomodarse entre nosotros de la mejor manera posible.

Estos movimientos de personas hispanas llegadas a España me anima a exponer algunas reflexiones sobre asuntos hispanos.

Si de América hablamos, es inevitable hablar de Hispanoamérica y de Angloamérica, o América a secas, como gustan de llamarla los angloamericanos (los «americanos», también a secas) al referirse a su nación. También se apropiaron del nombre.

Últimamente se muestran muy pujantes los autodenominados indigenistas, que proclaman la protección de los primitivos habitantes americanos. Lo hacen de una manera bastante selectiva, pues según ellos los grandes matarifes de indios son los españoles, los angloamericanos no aparecen para nada en sus condenas y acusaciones. Es natural, a ellos lo que les indigna de verdad es que los españoles no mataran a todos los aborígenes, para poder ser todos ellos como sus idolatrados angloamericanos. No merece la pena insistir en este asunto, pero ello nos lleva al gran tema de la Leyenda Negra. No obstante, aunque no hay espacio aquí y ahora para tratar este asunto, parece inevitable empezar por alguna referencia a esa Leyenda Negra.

Fue mucho el tiempo de enfrentamiento entre dos grandes imperios, el español y el británico, con fuerzas muy desiguales: de una parte los ingleses, auténticos genios de la propaganda y la autoglorificación, y del otro lado los españoles con una patológica inutilidad para la propaganda y el autobombo.

Basten dos ejemplos: los ingleses borraron por completo de la memoria y de los libros de texto sus derrotas en la batallas de Cartagena de Indias y de la Contra Armada; podemos entender esta ocultación inglesa, lo que no podemos comprender de ninguna manera es que en España también se hayan borrado completamente, en textos y en escuelas, pese a ser unos hechos históricamente tan importantes.

He aquí una diferencia esencial entre otros imperios coloniales y el imperio español. Los primeros, ante un hecho poco honroso para su Historia áurea, sencillamente lo borran, lo tachan, nunca existió; los españoles, por el contrario, ante un relato negativo para su historia, mejor si es tergiversado o rotundamente falso, lo acogen con fruición y lo incorporan presurosos a su Historia o, por mejor decir, a su amada Leyenda Negra. Máxime, con la fervorosa iniciativa antiespañola de nuestra izquierda fashion, para la cual absolutamente todo lo español es absolutamente malo.

Un historiador británico dijo que los únicos que siguen creyendo en la Leyenda Negra son los españoles. Por esta razón resulta especialmente notable el importante número de historiadoras e historiadores, sobre todo mexicanos, que de un tiempo a esta parte están combatiendo el relato de la Leyenda Negra, y casi reescribiendo prácticamente su Historia. Y no lo hacen del lado de la hagiografía o el arrobamiento, se limitan simplemente a exponer hechos reales de la Historia hasta ahora ocultados, tergiversados o falseados. Sin embargo el presidente de México se muestra partidario del relato anglo de la Leyenda Negra; tal vez el bueno de Amlo esté negociando con los angloamericanos la venta de la Baja California.

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