COSAS QUE NO SE DICEN

Sin duda, últimamente tres sucesos, las aventuras amnistiosas del PP, el asesinato de los guardias civiles en Cádiz y la movilización de los agricultores, conmueven la actualidad española. No comentaremos el primer asunto porque ya es de sobra conocido que el PP puede hacer cosas que a nadie más le están permitidas y que en ningún caso ello afectará a la adhesión inquebrantable de su numerosa feligresía. En los otros asuntos sí hay cosas que me llaman la atención y puede merecer algún comentario. Incluso podrían ser zonas oscuras que valdría la pena aclarar.

Los agricultores españoles se han tirado a la carretera al parecer animados por el ejemplo de sus colegas franceses (los verdugos de sus exportaciones) y con una buena lista de reivindicaciones, casi todas ellas, cuando menos, razonables. Una de las ausencias más llamativas e inexplicables entre esas reivindicaciones es la referente al problema de los intermediarios; comprendo el temor que puedan inspirar las organizaciones más o menos mafiosas, pero es evidente que en el asunto crucial de los precios los intermediarios tienen un papel decisivo; la diferencia entre lo que pagan al agricultor y lo que tiene el pagar el consumidor es sencillamente escandalosa. Pero nadie (incluyendo la Administración) parece advertirlo y ahora hasta sus principales víctimas parecen olvidarlo.

Un asunto que no se menciona tampoco es el de los campos de exterminio de los temporeros. Quizás sería bueno que los temporeros que vienen aquí tuvieran unas condiciones semejantes a las que tienen los temporeros españoles que van a Francia.

En cuanto a los camiones extranjeros que puedan atravesar la península para llevar productos agrícolas extracomunitarios a Europa, aun sin cumplir la normativa europea, me parece bien que nuestros agricultores no utilicen métodos franceses, primero porque no somos franceses y segundo porque el gobierno español quizás no iba a ser tan tolerante como el francés con sus agricultores.

Del asunto de la Guardia Civil en el Sur, mi extrañeza viene de recordar que hace algún tiempo se divulgó la incautación de algunas de las poderosas lanchas de los narcos. No sé qué sería de ellas, pero, evidentemente, no parece que se hayan incorporado a los medios de que dispone la Guardia Civil, que sigue teniendo que utilizar sus botecitos piscineros. De esas lanchas de los narcos nunca más se supo. Tal vez fueron subastadas y se dedicaron esos fondos para eventos de homenaje a los abnegados proletas de las fuerzas de seguridad, o quizás fueron adquiridas por los capos del narco para reutilizarlas, o bien reciclarlas y adaptarlas a embarcaciones de recreo.

De todas formas, a raíz de los últimos sucesos, parece surgir alguna preocupación en el Ministerio para renovar el parque de barquitas que utiliza la Guardia Civil. Las inevitables filtraciones señalan que la nuevas naves ostentan un audaz diseño: son como el conocido patito amarillo para que los niños jueguen en la bañera, pero algo más grandes, y son propulsadas a pedales. Los expertos coinciden en ponderar las cualidades de la futura nave, por su propulsión sostenible, que además supone un ahorro total de combustible, y por su imagen rompedora. El Ministerio, muy preocupado por el bienestar y la eficacia de los agentes, destaca dos de sus principales ventajas: los guardias podrán disfrutar más en sus paseos marineros y la importante industria del narco podrá continuar con sus actividades sin la menor molestia, permitiendo además que su personal se pueda distraer con el tiro al pato.

Por cierto, ¿alguien recuerda aquella campaña que se organizó durante el franquismo con un suplemento en el franqueo de Correos, para contribuir al desarrollo del Campo de Gibraltar? Dónde irían a parar aquellos fondos; a dónde ha ido a parar el desarrollo del Campo de Gibraltar, ya lo sabemos.

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