EL DESCONCIERTO DE LOS CONCIERTOS

     Ahora que ha estallado el ’problema catalán’ puede ser el momento de hablar un poco de los que claman contra la ruptura de España. Y sin más preámbulos se puede afirmar que estos profetas, o son muy necios o muy hipócritas, o las dos cosas a la vez, porque es evidente que España ya está rota desde hace tiempo y se rompió precisamente en el mismo momento en que se implantaron los Conciertos económicos.

     Alguna mente brillante consideró que estaría muy bien mantener fueros y privilegios medievales o decimonónicos, pero, eso sí, mantenerlos sólo para unos poquitos. Avala esta genial idea el hecho de que la abrazó entusiasmado el general Franco. Pero es muy cierto que España otra cosa no tendrá, pero Historia tiene para dar y tomar en cualquier época y territorio; desde el bonito número de Guzmán el Bueno hasta la batalla ganada por el Cid después de morir, y ¡no se olviden del oso que se comió a don Favila!… Y más cosas, de más enjundia y de menos, para todos los gustos. Pero no se entiende por qué singularizar solamente en dos territorios para reconocer presuntos méritos o derechos capaces de prevalecer a través de los tiempos en forma de privilegios. Podemos entender que se decidiera pagar así un peaje por el ‘conflicto vasco’, pero esto es algo que, al menos en su forma violenta, ya quedó felizmente superado.

     Todo es susceptible de mejora y revisión, máxime tratándose de una anomalía tan injusta y anacrónica como es el caso de los Conciertos. Pero hay que tener en cuenta que no ha nacido en este país un político con agallas para plantear siquiera esta reforma, de manera que seguramente tendremos Concierto para los restos, si Europa no lo remedia. Sin duda se trata de una total aberración, pero también es verdad que si unos disfrutan de ella es lógico y natural que también la pidan otros, sin ir más lejos los catalanes, que exigen algo semejante con toda la razón del mundo. Aunque, pese a todo, me parece que los principales agravios de los catalanes no son los de carácter económico, sino de una naturaleza más profunda, como los definió certeramente el presidente Pujol cuando dijo: “Es que a un catalán no se le puede tratar igual que a un señor de Albacete”.

     En fin, paradójicamente, de la sobreabundancia de Historia puede venir la solución; si no hay esperanza de que los Conciertos desaparezcan, hagamos Conciertos para todos (café para todos), que este prodigioso Estado de las Autonomías seguro que los admite, profundizando definitivamente y con todos los honores en la máxima del “España es diferente”.

     Ahora que se habla de la panacea de reformar la Constitución, es la ocasión; pero si este país no puede y es absolutamente incapaz de organizarse de forma que todos, absolutamente todos sus habitantes, sean exactamente iguales que ese señor de Albacete, resultará que, sencillamente, podemos pasar a engrosar la bonita lista de Estados fallidos.

     O tal vez surja ese político providencial capaz de cargarse los Conciertos, un figura mezcla de Sandokan, Churchil y Spiderman que llegue en su caballo blanco para implantar la justicia y la sensatez en este baqueteado país. Y, por supuesto, a las naciones de esta nación de naciones que no estén de acuerdo y quieran marcharse, se les da todas las facilidades y se deja que se vayan en buena hora, se les despide amigablemente, se les desea toda la suerte del mundo y todos tan contentos y tan amigos.

     Porque una cosa está muy clara, tras el estallido catalán ya nada será como antes y no se podrá seguir disimulando, como que aquí no ocurre nada. No sé si esta situación tiene salida, si se podrá arreglar, o se aplazará su solución por unos meses o por unos años. En cualquier caso toca resetear y comenzar de cero o poco menos. Efectivamente, ya pasó el tiempo de seguir disimulando, y la cuestión catalana puede ser la gran oportunidad para solucionar de una vez por todas los problemas con las comunidades del Norte que están en España de mala gana y detestando todo lo español. Dentro o fuera, pero con las condiciones claras. La actual es una situación que no es cómoda ni sana para nadie y que es necesario resolver.

     Pensándolo fríamente, lo cierto es que resulta muy atractiva la idea de dejar de vivir siempre con el corazón encogido esperando el próximo reproche, la próxima exigencia, el próximo agravio de las comunidades mártires: romper con semejante castigo puede ser una liberación muy grande. No está nada mal pensar en un horizonte en el que seamos menos pero mejor avenidos.

 

Un comentario en “EL DESCONCIERTO DE LOS CONCIERTOS

  1. Hola,
    De acuerdo; preguntemos honestamente quienes quieren seguir el blasón de RRCC y quienes preferimos una federación, y aceptemos todos el resultado, en paz , ‘fair play’.
    Y, de paso, métase a esta monarquía como siguiente cuestión.

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