Parece que Podemos pagó por sus muchos pecados, con la espantá de buena parte de su electorado y con el odio y el vacío de todos los partidos y todos los medios del país. «El Sistema» les ha enseñado los dientes y no queda sino aceptar la advertencia e intentar sobrevivir entrando en la vigente merdé o bien persistir en la idea del cambio y marchar quizás hacia la irrelevancia o la desaparición.
Tenemos el país que tenemos, y no otro. Las últimas elecciones ya aclararon bastante las cosas. Por decirlo en pocas palabras, se ha dicho con claridad que mejor ladrones que rojos. Antes muertos que sencillos. Elegimos el robo y los recortes. Y esto es lo que hay. En un ataque de optimismo, tal vez se consiga que se abandone algo el descaro y la prepotencia para robar, que se procuren guardar las formas un poco, disimular algo el mangoneo, pero eso es todo («Regeneración«) y podremos darnos con un canto en los dientes. De la mamandurria seguramente es mejor no hablar más porque ya está demasiado extendida y asentada (excelente vivero de votos en las sucesivas elecciones); los partidos «serios» son sin duda la más importante agencia de colocación del país y eso va a durar por algunas generaciones, quizá tantas como el franquismo. Eso si España perdura tanto.
Entre izquierda fashion y choriza y derecha meapilas y choriza, estamos rodeados y parece que no hay mucho que hacer.
En estas condiciones, confieso que soy de los que recibieron esperanzados la irrupción de los nuevos partidos en la política española. De los dos. Uno porque podía representar una izquierda actual y moderna de verdad, destinada a jubilar a la izquierda oficial, o exhausta o traidora y siempre a navajazos entre ellos mismos; la nueva izquierda aparecía algo dubitativa y falta de ubicación clara, pero sobre todo atractiva por sus auténticos y decididos deseos de regeneración y cambio, el ansiado cambio. El otro partido también era bienvenido porque podía representar una derecha civilizada como recambio de la derecha salvaje existente, porque podía suponer algo que nunca tuvo este país: un partido conservador serio y demócrata, sin excrecencias franquistas ni meapilas. Pero según parece no va poder ser. El partido de la izquierda aparece ninguneado por los demás partidos (salvo para insultarle) y por todos los medios de comunicación; previsiblemente, entre todos lo mataron y él solito morirá, y se llevará a la tumba su total impotencia para unir a las izquierdas, aunque lo intentó. El partido de la derecha, sencillamente, será fagocitado con toda probabilidad por el propietario de la marca, con un eructo de digestión que nos estará atronando y apestando el ambiente durante mucho tiempo.
Seguramente tornaremos al pestilente bipartidismo español. Volveremos al redil y a seguir pastoreados por los más impresentables. Las terceras elecciones se han evitado o aplazado, y se verá si esos nuevos partidos sobreviven o quedan en la irrelevancia. Seguramente, el partido «serio» más votado acabará por sacar la mayoría absoluta. Si es así, parecerá confirmarse la mala suerte histórica de España, esta vez quizá de manera definitiva.
Ante semejante panorama, no es extraño que se acentúe la desbandada general, por comunidades enteras o por personas. Por ahora es Cataluña, otras amagan, y por de pronto sabemos de muchas personas que se han marchado o se están marchando; sin ir más lejos, personalmente conozco a muchos, cuyos hijos ya se han ido del país, todos con sus carreras y sus idiomas, con su camisita y su canesú. Otros se preparan para largarse en breve. No quieren entrar en la mamandurria y no consideran una buena idea aceptar el trato vejatorio de nuestros empresarios-estraperlistas tan al uso. Con gran dolor de su corazón, esas personas les han pedido a sus chicos que no regresen. Que no vuelvan jamás.
Los Padres de la Patria seguirán sin enterarse de la profunda degradación de este país, y solos en una islita del Estanque de la Casa de Campo seguirán clamando con voz engolada por la Unidad de España.
( Gracias ), Muy bien expresado, desgraciadamente..
Es la tremendamente lamentable imagen de esto que llamamos «España», ese supuesto país, con su supuesta democracia del supuesto bienestar..
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Muchas gracias, es Vd. muy amable. Desgraciadamente este pobre país nuestro no da para muchas alegrías.
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