ALÁ ES MISERICORDIOSO

Volvió a suceder. Bruselas nos volvió a recordar a todos que nuestra Civilización tiene un enemigo a muerte e irreconciliable y que seguimos con el bla bla bla de las mentes biempensantes que se obstinan en no ver lo que tienen delante de sus narices.

Casi todos los años en mi ciudad nos plantamos en el mes de julio en 40 ó 42 grados a la sombra y con frecuencia asistimos al siguiente espectáculo: una pareja musulmana. Él va varios pasos por delante de ella, va descubierto y luce un pantalón vaquero y una camisa desabrochada de manga corta; ella lleva cuello, brazos y cabeza totalmente cubiertos, túnica o pantalón largos y encima abrigo o chaquetón tres cuartos de manga larga. Los biempensantes dicen que hay que respetarlo porque esa es su costumbre y su cultura, y yo pensaría lo mismo si los dos fueran igual de abrigaditos. Pero como no es así, y veo que ella va al borde de la apoplejía y él va tan cómodo y contento, no lo respeto en absoluto y este es un espectáculo que me repugna y me ofende. Es sólo un ejemplo.

¿Tolerancia? Para nada. Yo sólo soy tolerante a partir de unos valores mínimos compartidos: Derechos Humanos y Democracia. Si no partimos de ahí, lo siento, no soy nada tolerante, y más bien lo que adopto es una actitud defensiva. Y no soy tolerante ante esta religión/cultura que reduce a la mujer a la condición de animalito doméstico, vulnerando de forma tan ostentosa los Derechos Humanos. Y es que, debo confesarlo, yo creo que la mujer es un ser humano. No me gusta ver a mujeres amortajadas en vida, pero lo del velo quizá sea lo de menos comparado con otras cosas a cual más brutales, y cualquiera de las cuales me impide toda forma de tolerancia.

Cuando se presenta un atentado de esta magnitud los biempensantes desenfundan la pluma meliflua y condenan la salvajada con sus cantinelas de siempre pero, eso sí, no olvidan descubrir el Mediterráneo y decir que los que disparan o hacen estallar bombas no son todos (¡apañados estaríamos!), que la gran mayoría es gente pacífica y hasta maravillosa, etc. Y es muy cierto, los que asesinan son los menos, la violencia admite grados pero aquí lo que hay es una violencia institucionalizada, interiorizada, un odio que trasciende toda racionalidad (¡destruir obras de arte patrimonio de la Humanidad!) y que es prácticamente general. Y también es cierto que brillan bastante por su ausencia las protestas y manifestaciones de condena de esos musulmanes buenos contra las salvajadas de los musulmanes malos. A mi juicio, esa violencia desatada contra la mitad de su población, en la forma de sojuzgar a la mujer, es un germen y demostración de toda la feroz violencia de esta gente contra el mundo civilizado y contra el mundo en general.

Asunto cuidadosamente ocultado, evitado, por países presuntamente civilizados que no dudan en mantener relaciones plenas con los países en los que más se cultiva esta discriminación salvaje contra la mujer. Y esa forma de condenar la barbarie («sí pero no»), este mirar hacia otro lado en un asunto tan capital, es lo que nos deja totalmente indefensos ante estos fanáticos.

La cosa tiene mal arreglo. Entre los biempensantes, ciertos intereses económicos y los que siguen considerando la religión como un tabú intocable, no cabe otra solución que poner el cuello y repetir fervorosamente: «Alá es misericordioso». O tal vez podríamos intentar llegar a un acuerdo: si ellos están contentos con seguir viviendo en el siglo VIII y a nosotros nos gusta vivir en el siglo XXI, pactemos una solución intermedia: volvamos todos al siglo XV.

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