PARADOS

El presidente -ya en funciones- Rajoy dice que, si continúa gobernando en la próxima legislatura, va a crear dos millones de puestos de trabajo.

Y yo le creo.

De hecho, el sistema ya se está experimentando y los resultados son muy alentadores. En efecto, está bajando el paro y se observa que a medida que baja el desempleo también bajan los sueldos. Más claro, agua. El invento es muy sencillo y la explicación es inmediata: han decidido que la masa salarial total se mantenga constante, de manera que, si aumentan los puestos de trabajo, al tener que repartirla entre más trabajadores, lógicamente, tocan a menos. Y bajan los sueldos. Así de sencillo. Es el ‘huevo de Colón’, es un sistema propio de “El Sistema”, tremendamente ingenioso y lo único que se puede alegar es nuestra extrañeza porque no se nos haya ocurrido antes.

Es indudable que de esta forma se pueden alcanzar no ya dos millones más de puestos de trabajo, sino cuatro, o los que quiera decir don Tancredo Rajoy. Llegaremos a salarios medios -con suerte- de 100 euros mensuales, a niveles propios del tercer mundo, pero, eso sí, con precios del primero. Las plusvalías, lógicamente cada vez más gordas, para los listos que disfrutan del cotarro. La Economía y su mundo saludan alborozados este invento que mantiene los costes salariales perfectamente definidos y fijos. lo que siempre permite hacer mejor las cuentas y las previsiones, sólo de beneficios, por supuesto. Los capos de “El Sistema” y su hueste de empresarios-estraperlistas hozando entre billetes de banco y felices en el mejor de los mundos posible.

Quizá habrá muertes por inanición, y los capos deben tener algo de cuidado con esto, porque si se mueren todos los curritos tendrán que trabajar ellos. Pero en cualquier caso hay que tener en cuenta que no hay guerra sin efectos colaterales y la lucha contra el paro es una guerra, y sus correspondientes efectos colaterales siempre estarán compensados por el gusto de contemplar la felicidad de los beneficiarios de esa guerra, los capos de “El Sistema”, que a cambio nos mantendrán lejos y a salvo de los repugnantes populismos. Y al que no le guste, ya sabe, ahí está la frontera, que aquí no necesitamos rojeras derrotistas y protestones.

 

 

ALÁ ES MISERICORDIOSO

Volvió a suceder. Bruselas nos volvió a recordar a todos que nuestra Civilización tiene un enemigo a muerte e irreconciliable y que seguimos con el bla bla bla de las mentes biempensantes que se obstinan en no ver lo que tienen delante de sus narices.

Casi todos los años en mi ciudad nos plantamos en el mes de julio en 40 ó 42 grados a la sombra y con frecuencia asistimos al siguiente espectáculo: una pareja musulmana. Él va varios pasos por delante de ella, va descubierto y luce un pantalón vaquero y una camisa desabrochada de manga corta; ella lleva cuello, brazos y cabeza totalmente cubiertos, túnica o pantalón largos y encima abrigo o chaquetón tres cuartos de manga larga. Los biempensantes dicen que hay que respetarlo porque esa es su costumbre y su cultura, y yo pensaría lo mismo si los dos fueran igual de abrigaditos. Pero como no es así, y veo que ella va al borde de la apoplejía y él va tan cómodo y contento, no lo respeto en absoluto y este es un espectáculo que me repugna y me ofende. Es sólo un ejemplo.

¿Tolerancia? Para nada. Yo sólo soy tolerante a partir de unos valores mínimos compartidos: Derechos Humanos y Democracia. Si no partimos de ahí, lo siento, no soy nada tolerante, y más bien lo que adopto es una actitud defensiva. Y no soy tolerante ante esta religión/cultura que reduce a la mujer a la condición de animalito doméstico, vulnerando de forma tan ostentosa los Derechos Humanos. Y es que, debo confesarlo, yo creo que la mujer es un ser humano. No me gusta ver a mujeres amortajadas en vida, pero lo del velo quizá sea lo de menos comparado con otras cosas a cual más brutales, y cualquiera de las cuales me impide toda forma de tolerancia.

Cuando se presenta un atentado de esta magnitud los biempensantes desenfundan la pluma meliflua y condenan la salvajada con sus cantinelas de siempre pero, eso sí, no olvidan descubrir el Mediterráneo y decir que los que disparan o hacen estallar bombas no son todos (¡apañados estaríamos!), que la gran mayoría es gente pacífica y hasta maravillosa, etc. Y es muy cierto, los que asesinan son los menos, la violencia admite grados pero aquí lo que hay es una violencia institucionalizada, interiorizada, un odio que trasciende toda racionalidad (¡destruir obras de arte patrimonio de la Humanidad!) y que es prácticamente general. Y también es cierto que brillan bastante por su ausencia las protestas y manifestaciones de condena de esos musulmanes buenos contra las salvajadas de los musulmanes malos. A mi juicio, esa violencia desatada contra la mitad de su población, en la forma de sojuzgar a la mujer, es un germen y demostración de toda la feroz violencia de esta gente contra el mundo civilizado y contra el mundo en general.

Asunto cuidadosamente ocultado, evitado, por países presuntamente civilizados que no dudan en mantener relaciones plenas con los países en los que más se cultiva esta discriminación salvaje contra la mujer. Y esa forma de condenar la barbarie («sí pero no»), este mirar hacia otro lado en un asunto tan capital, es lo que nos deja totalmente indefensos ante estos fanáticos.

La cosa tiene mal arreglo. Entre los biempensantes, ciertos intereses económicos y los que siguen considerando la religión como un tabú intocable, no cabe otra solución que poner el cuello y repetir fervorosamente: «Alá es misericordioso». O tal vez podríamos intentar llegar a un acuerdo: si ellos están contentos con seguir viviendo en el siglo VIII y a nosotros nos gusta vivir en el siglo XXI, pactemos una solución intermedia: volvamos todos al siglo XV.

VIOLENCIA ISLAMISTA

Volvió a suceder: Bruselas. Nueva York, Madrid, Londres, París y tantos otros lugares. Parece que la violencia islamista es algo más que una anécdota y que los gobiernos han empezado a enterarse. Ciertamente, no todos los musulmanes son unos criminales, incluso cabe decir que lo son solamente una excepción, pero esto sólo afronta las cosas a medias.

Los bienpensantes consideran que estos atentados constituyen casos aislados, que no pasa nada y que todo está bien. ¡Ah, y que hay que ser tolerantes! Empecemos por fijar las condiciones propias de la tolerancia. Para empezar, nos parece que, en ningún caso, tolerancia total y a toda costa. Algunos sólo somos tolerantes a partir de unos valores mínimos compartidos, fundamentalmente los Derecho Humanos. Fuera de esto entendemos que sólo cabe adoptar una actitud defensiva.

Y los musulmanes no respetan los Derechos Humanos en primer lugar por la manera en que tienen a la mujer. Esta forma de sojuzgar a la mujer, a la mitad de su población, es una clara violación de los Derechos Humanos y por simple instinto de conservación debería prohibirse la entrada en Europa a todo el que no respete rigurosamente los Derechos Humanos. Y no sólo por lo que supone esta violación sino también porque en ella muy bien pudiera estar el germen de la violencia que parece anidar en el corazón de los musulmanes, aunque sólo unos pocos alcancen a exteriorizarla de la forma más salvaje.

Cierto que todas las religiones son bastante misóginas, pero hay grados y, sobre todo, la supuesta inferioridad de la mujer entre nosotros no está recogida en las leyes ni en la organización de nuestras sociedades civilizadas. Entre otras cosas porque la religión permanece circunscrita a su ámbito y no induce prácticas obligatorias a la generalidad de la población. En el caso de los musulmanes es público y notorio que la declarada inferioridad de la mujer forma parte de su Ley y su vida en el más amplio sentido de la palabra. Y esto es algo que en Occidente fingimos no advertir, en un auténtico alarde de hipocresía y cinismo.

¿Venganza? ¿Acaso la barbaridad de las Cruzadas entonces puede justificar tanta brutalidad ahora? Y de eso ya hace algunos siglos. En Europa hasta ayer mismo (todavía hay supervivientes) nos hemos estado matando a mansalva y sin cuartel, todos contra todos y casi de manera permanente. La Historia no es un cuento de hadas y la Humanidad no podría sobrevivir sin importantes dosis de olvido e incluso de perdón. Es otra de las cualidades de Europa, de esa detestada Europa a la que todos quieren venir.

Pero es evidente que tener a la mujer como a un animalito doméstico es algo que vulnera los Derechos Humanos de forma clamorosa. Los países más feroces en esta discriminación deberían ser dotados de un cordón sanitario que los mantuviera aislados y en cuarentena mientras persistan en éstas prácticas. Seguramente acciones de este tipo serían mucho más eficaces que la guerra en la lucha contra el yihadismo.

Me doy cuenta de que estas consideraciones no son políticamente correctas, pero es que yo, debo confesarlo, creo que la mujer es un ser humano.

SENADOS

Ahora que parece que nos encaminamos a un tiempo de reformas, gracias a los nuevos partidos (a la fuerza ahorcan), parece oportuno referirse a la controversia sobre la supresión del Senado. Se discute si conviene un sistema con una sola Cámara o mejor mantenerlo bicameral como en la actualidad. En síntesis, los partidarios de suprimir el Senado aducen que es un órgano inútil y muy caro, y los partidarios de mantenerlo sostienen que, aún así, queda muy bonito¸ además, los partidarios del Senado se encuentran ante lo que suele denominarse una línea roja, la que supone preservar este filón de puestos-chollo para repartirse entre los políticos

En todo caso me parece que la polémica sobre si una o dos cámaras está bastante superada. A estas alturas más bien habría que plantarse ¿por qué no tres Cámaras? Y, ya puestos, por qué no llegar a la media docena? Es indudable que esto está más en la línea de la idiosincrasia de nuestra vida pública. Imaginamos el entusiasmo en nuestra abigarrada gente de la política, enriquecida así con una legión de nuevos representantes del pueblo, no limitándonos cicateramente a diputados y senadores sino incorporando a todo un selecto elenco de apoderados, delegados, comisionados (de comisiones en efectivo, por supuesto), comitentes, encargados, observadores, compromisarios, mandatarios, mandaderos, encomenderos, depositarios, comisarios, etc., etc.

Y, por supuesto, toda esta legión de Padres de la Patria acompañada de sus correspondientes e inseparables colaboradores: asesores, adjuntos, asistentes, agregados, amiguetes, testaferros, ayudantes, apegados, conmilitones, fautores, pasantes, palafreneros, palanganeros, lacayos, mamporreros, edecanes, consejeros, arrimados, compadres y toda la suerte de paniaguados que estos próceres consideren necesarios para el desempeño de su alta misión.

Pero todavía queda lo mejor. Naturalmente, todo este tinglado sería trasladado y reproducido en todas y cada una de las autonomías. Sin duda, nuestros políticos se pondrán a salivar copiosamente con esta propuesta, ante la posibilidad de tener más puestos aún para repartirse y ante lo que sería la apoteosis de nuestro prodigioso Estado de las Autonomías.

ADIOS CATALUÑA, ADIOS

Bueno, ya tenemos a Cataluña con un pie dentro y otro fuera de España. La política del presidente Tancredo Rajoy dio sus frutos, aunque pienso que no es suyo todo el mérito, pues la separación de Cataluña hace tiempo que se viene gestando entre la indiferencia de unos y el entusiasmo de otros.

Hay detalles cotidianos, aparentemente triviales, que jalonan de forma decidida este camino hacia la secesión. A mi juicio, uno de los más importantes es aquél que implantó la sanción con multa a los locales que rotularan su razón comercial en español. Que esto se pudiera hacer y la falta de respuesta legal a esta acción marca sin duda el principio del fin. De otras lenguas no se decía nada, pero del español, la lengua cooficial, sí, el español era castigado. Es mucha la hostilidad que revela una medida como esta. La extremada inquina a la lengua española quizá sea señal de rencores y resentimientos más específicos y mucho más profundos.

Pero, sin duda, lo que mejor manifiesta y define los sentimientos y las razones de los catalanes en este asunto es la frase que pronunció un padre de la patria catalana, el presidente Jordi Pujol, cuando dijo: «Es que a un catalán no se le puede tratar igual que a un señor de Albacete». Aquí está todo dicho y proclamado. Hay superioridades que no se pueden ignorar y que además es necesario proclamar y potenciar sobre todas las cosas. Evidentemente, un país en el que unos ciudadanos deban ponerse por encima de los naturales de Albacete, no es un Estado viable.

En las últimas elecciones los analistas se han apresurado a certificar que el clamoroso barrido de las opciones independentistas no es definitorio, porque los unionistas suponen dos puntillos más de ventaja en votos. Unos días después la ventaja ya sólo era de un punto, y seguramente esa ventaja seguirá bajando, en consonancia con los últimos años, los últimos meses, en que el independentismo no ha hecho más que crecer, arrasando por méritos propios y por el amedrentamiento de los unionistas. Tal vez la cosa se estabilice en un mitad y mitad, pero teniendo que vérselas con un fundamentalismo como el nacionalista parece claro que ya no hay nada que hacer.

Quizá lo más complicado será mantener la unidad para los municipios que opten por seguir en España, salvo para los que sean limítrofes, evidentemente. Porque, claro, de lo que se trata es de proteger los hechos diferenciales.

Pues nada, llegados a este punto lo único que queda es decir adiós lo más amistosamente posible y desear mucha suerte a este nuevo estado y a lo que quede de España que, sin duda, saldrá ganando con librarse de una gente que está con nosotros de tan mala gana.

ESTABILIDAD NACIONAL

 

Pues señor, parece que la estabilidad está en peligro en este país, por culpa de los electores que han votado a un partido de izquierdas, y esto, dicen los bienpensantes, no es significativo aunque sea la tercera fuerza, y además afecta a la estabilidad de la nación.

Si se trata de seguir como hasta ahora,  tienen toda la razón del mundo.

Los electores se han equivocado, porque se diría que se quieren cargar la estabilidad de España, la que ha permitido el robo a mansalva, el mamoneo más brutal y descarado. Entre los bienpensantes, la izquierda fashion, la derecha meapilas y los empresarios-estraperlistas nadie alzó nunca en serio la voz contra la corrupción galopante que asola este país ni consideró que ella pudiera comprometer la estabilidad y hasta la propia existencia de España. El robo a mansalva es para esta gente como si formara parte de la meteorología. Pelillos a la mar.

Es verdad que sin esta ‘estabilidad’ ya ni ilusión van a tener los políticos para afanar, para recibir mordidas, para colocar a parientes y amiguetes. Y qué decir de su portentosa impunidad ¿es que ya no se va a respetar el derecho de los próceres del Viejo Régimen a mangonear a sus anchas dentro de la mayor impunidad? Sin duda todas estas prácticas constituyen ya derechos adquiridos ¡y porque a unos votantes enloquecidos les haya dado por votar a estos perroflautas no se van a revocar!

Esta es la Marca España de ladronesy aprovechados que nos ofrecen los bienpensantes y los aforrados, los trajeados, los del traje que no sabemos si es comprado o regalado.

El gurú de la PSOE ya lo ha dicho con meridiana claridad: antes PP que Podemos. Antes muertos que sencillos. Para variar, ha dado prueba de una total coherencia, porque en realidad la PPSOE siempre ha estado muy unida en los temas importantes. Esa unión de ahora vendría a ser la culminación de su turbia historia. Esperemos que en esa línea de coherencia no se tarde en reivindicar los principios Fundamentales del Movimiento porque ¡con Franco sí que había estabilidad!

Incluso ya se empieza a hablar de Frente Popular. Bueno, puestos a elegir habrá que decidir qué preferimos si un Frente Popular o el vigente Frente Chorizal.

 

POLITICOS (y II)

 

LA SOLUCIÓN ES POSIBLE

Una vez analizada, en la entrega I, una primera aproximación al problema de los políticos en España y su tratamiento inicial, cabe plantear lo que sería la etapa siguiente para aplicar los remedios definitivos a tanto desmán.

‘Transparencia Internacional’, en sus Barómetros Globales de la Corrupción, viene señalando que las entidades percibidas por los ciudadanos como las más corruptas son los partidos políticos, en todo el mundo y sobre todo en España. Este mal de muchos no debe consolarnos demasiado, porque el caso español ocupa un lugar especial entre los países desarrollados por haber superado ya todas las cotas de ruindad y degradación en todo lo tocante a la corrupción de los políticos.

Hay que prescindir entre nosotros de cualquier intervención o influencia ejecutiva de los partidos políticos en la vida pública. Los derechos de libertad de expresión y de asociación no permitirían erradicarlos del todo (suponiendo que no se les pudiera imputar directamente una asociación para delinquir), pero sin duda la Sociedad podría adoptar una serie de medidas de legítima defensa que controlaran a los políticos profesionales desactivando su acción letal. Sigue leyendo

LOS POLÍTICOS (I)

UNA PLAGA CONTROLABLE

Para las nuevas generaciones, que no los conocieron o los han olvidado, me permitiré hacer un pequeño recordatorio de unos personajes que en otro tiempo tuvieron cierta relevancia en la vida cotidiana española. Me refiero a los charlatanes, especímenes que aparecían por ferias y verbenas, vendiendo pócimas o artículos absolutamente prodigiosos por un módico precio. Especialmente celebradas eran las plumas estilográficas, recién llegadas de América y que apenas llegábamos a casa, después de la fabulosa compra, habían arruinado nuestra chaqueta o nuestra camisa favoritas en una incontenible riada de tinta producida por el susodicho artefacto. Próximos a los charlatanes, estaban los trileros que, con una pasmosa habilidad de sus manos, nos hacían picar siempre en el hallazgo de la bolita que se ocultaba bajo uno de los tres cubiletes o el as de entre tres naipes. Parecía muy fácil, pero no había nada que hacer. Ambos personajes tenían una cualidad en común, que era su extraordinaria locuacidad y persuasiva oratoria. Era el auténtico y genuino verbo fácil y fluido, capaz de convencernos de cualquier cosa.

Pues bien, según fue progresando algo nuestro nivel cultural y económico, estos personajes fueron desapareciendo… aparentemente. Los productos milagro ahora nos los venden en la radio y la tele y lo de la bolita ha sido sustituido por otros juegos de azar. Pero los charlatanes y trileros sencillamente se transformaron, cambiaron sobre todo su escenario y se convirtieron, ¡ale hop!, en los actuales políticos. Descubrieron que podían seguir en su actividad, pero con incontables ventajas: no necesitaban la brillante oratoria, ni la portentosa habilidad de sus antecesores, (de hecho, ahora no tienen ninguna habilidad conocida) y, sobre todo, ¡podían ejercer sin ningún riesgo! Llegaron los políticos y llegaron para quedarse. Sigue leyendo