Seguramente una de las cosas más impresionantes en este largo periodo electoral es la casi total coincidencia de los medios en atacar a una de las opciones, justamente la que propone el cambio (el cambio de verdad), unido a la feroz animadversión del resto de las formaciones políticas.
Se percibe auténtico pánico ante la posibilidad de que esa opción pueda acceder al poder. Nunca se había dado esta situación en las anteriores posibilidades de alternancia. Y es lógico porque los políticos de los partidos «serios» y sus apegados consideran que el robar y su impunidad son ya auténticos derechos adquiridos, al tiempo que, ante la saturación del choriceo, el pueblo soberano toma ya las informaciones sobre la corrupción igual que los datos sobre el parte meteorológico.
Ante esta situación hay dos noticias, una buena y otra mala. La buena noticia es que nos encontremos ante una posibilidad real de cambio (de cambio real), que los nuevos partidos estén recogiendo el estallido de protesta e indignación que surgió con el 15M por la degradación general de este país.
La noticia mala es el mal perder por anticipado de los beneficiarios de la actual situación, a la que consideran una conquista irrenunciable. La campaña sin límites y sin tregua contra Podemos revela, antes que nada, una escasa fe en la Democracia y en sus reglas de juego. Y demuestra también la indigencia argumental de sus enemigos -que no adversarios- políticos. Toda burla y toda infamia son buenas en el ataque a estos apestosos perroflautas. Pero -y volvemos a la noticia buena- quizá toda esta propaganda adversa, viniendo de quien viene, se torne en el mejor elogio que pueden recibir los podemitas. Sigue leyendo


