CUESTIÓN DE PIEL

En una de las últimas veces en que al malvado Sánchez se le ocurrió abrir la boca para comentar alguna de las peculiaridades de nuestro sistema judicial, y hasta casi insinuó que tal vez podría parecer que acaso pudiera existir un pequeño desajuste en la ejecutoria de algún juez. Instantáneamente se desató una tremenda tormenta de indignación de los jueces por tamaño desacato. Por una vez se pudo celebrar que exista la figura de aforado, porque de otra forma el presidente habría dado con sus huesos en la cárcel o, mejor aún, habría inaugurado la reinstauración de la pena de muerte.

Sin embargo existen muchos hechos y situaciones en que la Justicia se muestra como la Madre Teresa de Calcuta ante alguna figura delictiva (violadores pederastas en Murcia) o como rayo justiciero (raperos en la cárcel) Quizás podría haber más ejemplos, por lo menos curiosos, pero si imaginamos que la Justicia tiene una piel, es evidente que hay veces en que esa piel se muestra como la mucosa de un colibrí y otras veces exhibe la fortaleza de una piel de rinoceronte; por ejemplo: en el caso de la rebelión de jueces muy cualificados en la renovación del Consejo Superior del Poder Judicial, ¡Durante 5 (cinco) años!. Lo peor de esta turbia y sórdida historia no es la existencia de estos jueces sediciosos, lo más terrorífico y desalentador fue el atronador silencio aprobador, absoluto y unánime de la Justicia en pleno y las consiguientes impunidades. Nunca el mundo de las togas brilló con mayor esplendor y autoridad.

Aunque seguramente hay algo más inquietante en este repugnante asunto. En tan putrefacta historia hay algo peor: la pasividad del Gobierno ante semejante ilegalidad, ante este sindiós, ante este defecarse en la Ley por estos guardianes de la Ley, que habrán seguido sin devolver sus haberes malhabidos e incorporados a ‘su carrera’ judicial como si tal cosa. Y esto en un país en el que todos los días muchos ciudadanos son arrojados a la calle por incumplir plazos, eso sí, de pago, no de cobro. Un sucio asunto ejecutado con chulería, alevosía y cubierto por la autoridad en una clamorosa dejación de funciones del Gobierno, posiblemente amparada en que exista alguna de esas oportunas leyes balsámicas que tenemos para proteger a la “gente de bien”.

Cerdán debe ingresar inmediatamente en prisión para que no destruya pruebas; de Montoro, pese a que sus presuntos delitos son más numerosos y más graves, no hay ningún peligro de que destruya pruebas. Hay más casos ‘peculiares’ y curiosos en la ejecutoria de nuestra Justicia, pero hay que guardarse de cualquier comentario, crítico; da igual que se hable de algún juez o actuación en particular y en concreto, cualquier consideración, por individual y específica que sea, será recibida como un ataque a la judicatura en pleno, como un ultraje total a todos los jueces y a la Justicia en general, como estamento y como idea. Se ha dicho, los jueces son seres de luz que están por encima de cualquier opinión de los ruines mortales. Verdaderamente, no se entiende y es intolerable que la plebe, pudiendo hablar de fútbol o del festival de Eurovisión, nos metamos en cuestiones más complicadas que no nos incumben ni podemos comprender.

El Poder Judicial demuestra tener su propia opinión de la división de Poderes: parece ser un enemigo natural del actual Poder Ejecutivo y es como si considerase al Poder Legislativo una especie de rapero con aires de grandeza. Y hablando de Poderes, ¿Por qué se puede decir abiertamente del Ejecutivo que es de derechas o de izquierdas y no se puede o no se debe proclamar otro tanto con el Judicial?

En fin, a la plebe solo nos queda permanecer genuflexos, callados (aunque algo sorprendidos) y agradecidos. Es lo que hay. Acaso, solo nos quede pensar en la reforma de la justicia que se está llevando a cabo en México, con profundas admiración y envidia.

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