Un fenómeno meteorológico, una Dana, ha sumido de espanto al país por la magnitud del número de víctimas y la desolación general que ha producido en una de las regiones más prósperas de España. Parece oportuno hacer un pequeño comentario ante tan importante suceso, en primer lugar referido a sus principales protagonistas responsables, los gobiernos central y autonómico, autores de una modélica actuación.
Empezando por el gobierno central, es muy de valorar y agradecer su exquisita prudencia para no interferir en la soberanía autonómica valenciana, máxime cuando este asunto de las emergencias es una competencia exclusiva de la autonomía, pero con los avisos que fue dando sobre la que se venía encima, incluso con reiteración, a la alta autoridad autonómica que se limitó a confesar que ella no tenía ni idea sobre la activación de alarmas. También por el respeto a la fría serenidad del presidente autonómico, al que no se quiso molestar porque seguía a sus cosas y porque no se quiso violar ni interferir en su exclusiva y sagrada autonomía, con el derecho absoluto a mostrar en todo su esplendor el derecho a ejercer toda su incompetencia, protegido y alabado por su propio partido.
Pero el mayor mérito sin duda corresponde a la Autonomía Valenciana. Ellos se anticiparon a la tragedia con audacia y resolución al expulsar de Valencia a la UME, como apestoso chiringuito del gobierno central, un gobierno que, además, supuestamente es de los rojos; los gobernantes valencianos no prestaron la menor atención a las observaciones de Meteorología, otro chiringuito centralista que al parecer pretendía mangonear en su autonomía. Toda una cátedra de pundonor autonomero que nos retrotrae a los gloriosos tiempos de anteriores y gloriosos gobiernos peperos valencianos, sobre todo en el asunto ‘económico’. Algunos expertos señalan otro posible motivo del gobierno valenciano para su majestuosa y pausada reacción: en efecto, tratándose del Pp, es posible que pensaran demorar la reacción a la dana considerando que, agravando sus consecuencias, sería mayor el volumen de ayuda a recibir, y mayor también sus posibilidades al ‘gestionarla’.
El balance general para gentes que no saben apreciar las servidumbres y tempos especiales de nuestro maravilloso régimen autonómico, quizás sea bastante negativo; pero los usufructuarios de dicho régimen consideran que todo ha sido estupendo, y ha valido la pena, sobre todo prevaleciendo la máxima ley de las autonomías, su perfecta división del trabajo: Lo que se hace bien es mérito del gobierno autonómico y lo que sale mal es culpa del gobierno central. Desgraciadamente es cierto que ha habido demasiadas víctimas y desolación, pero los daños colaterales son inevitables en toda gran empresa humana, como las inevitables guerras decididas por los que mandan, o las necesarias ‘operaciones’ económicas que nutren nuestra existencia y la prosperidad de la ‘gente de bien’. Junto a los madrileños, a los valencianos quizás se les puede decir tambien: ¡A disfrutar lo votado!
Ahora lo importante es que no nos dejemos llevar por la precipitación. Ante todo se debe cuidar especialmente que esta gran desgracia no afecte al Turismo, y que se siga respetando la sólida tradición de permitir que se edifique en zonas inundables. Lo demás puede esperar y los bonitos discursos oficiales deben ser suficientes, aunque digan siempre lo mismo y muestren la falta de imaginación de los plumíferos encargados de escribirlos.
En fin, no creo que la Unión Europea llegue a llamar la atención del gobierno central del malvado Sánchez, pero no me extrañaría que acabe por mostrar su enorme estupor ante un sistema autonómico tan chungo como el español.
De todas formas no dejo de dar las gracias más fervientes a todos los santos y dioses habidos y por haber, al pensar en la inmensa suerte que tuvimos por que el PP no estuviera en el gobierno cuando nos cayó la pandemia.