Claudia Sheimbaum Pardo acaba de asumir el puesto de Presidenta de México Ya les robaron unas elecciones anteriores, pero en esta ocasión no pudieron. Llega una mujer, y lo hace arrasando en las elecciones, con un buen historial de luchadora, una importante experiencia política y una excelente preparación académica, pero también algo que López Obrador, el presidente saliente, ha señalado: una persona de buenos sentimientos.
Entre otras muchas realizaciones el presidente ha dejado trazada y comenzada la reforma de la Justicia y la sacó adelante. Sin duda va a ser el hito más importante de esta Cuarta Transformación de México, como denomina al cambio Morena, el partido del gobierno. Y seguramente es el cambio más decisivo para poder mantener todos los demás. La Justicia Mexicana se encuentra en un estado de arbitrariedad, corrupción y nepotismo imposibles de de asimilar; tal vez en un estado incluso peor que la española, gracias a que ésta se encuentra ligeramente observada por la Unión Europea.
Los acontecimientos que se están sucediendo en México creo que nos llevan inexorablemente a la comparación con la situación en España. Hay algunas analogías y contrastes bastantes evidentes. En ambos casos tenemos a los rapaces partidos de la oposición y capos de la alta oligarquía, sobre todo económica, que no vacilan en recurrir a la mentira y a cualquier sucia maniobra para atacar al gobierno democráticamente elegido y que en México ha arrasado en las elecciones del 2 de junio último.
Hablando de la ya mencionada reforma de la Justicia en México, es indudable que también España hace tiempo que se está necesitando una buena reforma de su Justicia, pero ha quedado bien claro que podemos seguir esperándola; con la ‘solución’ al problema de los jueces asilvestrados del llamado Consejo Superior del Poder Judicial: aquí la montaña parió un ratón. Y esta sublevación de jueces fue unánimemente apoyada con el clamoroso silencio por todo el resto de la judicatura y con el absentismo del gobierno. Por lo tanto ya sabemos que no hay nada que hacer. Al parecer el problema forma parte de lo que en España no se puede ni tocar. De manera que dejaremos la cuestión de la Justicia para el próximo siglo o tal vez el para próximo milenio.
En otros asuntos es más fácil formular algún comentario. El más inmediato se refiere a las importantes infraestructuras que ha acometido el actual gobierno mexicano, obras y demás mejoras absolutamente necesarias, realizadas en una sola legislatura y que los anteriores gobiernos ni llegaron a considerarlas, atentos a otras actividades más ‘prioritarias’. Pero por encima de la necesidad o conveniencia de esas actuaciones, lo que más me llama la atención y me asombra es lo mucho que da de sí un Presupuesto, simplemente, cuando se deja de robar.
Hasta la entrada del gobierno de Morena, el régimen mexicano se podía calificar de una cleptocracia radical, cuidadosamente controlada y exprimida por Estados Unidos, pero ahora se incorpora sin ninguna duda al mundo de las democracias auténticas, aunque fuertemente asediada por los capos del país. El régimen español se puede considerar una democracia formal, bastante atacada por el fascio, pero afortunadamente tutelada por la Unión Europea.
Al acometer el saneamiento de una de las peores cavernas de corrupción de México, PEMEX, salieron a relucir dos empresas españolas, Iberdrola y Repsol, por las prodigiosas y aborrecibles habilidades en sus contratos y ejecutoria. Ignoramos si habrán lucido también semejantes trucos en posibles contratos con el gobierno español. La banca española en Méjico también tiene una actuación no demasiado clara, si bien es cierto que seguía la pauta general de la banca mexicana.
La seguridad seguramente es lo único en lo que los españoles estemos algo mejor, y es sin duda la mayor asignatura pendiente de los mexicanos: la extrema violencia. Marcan la pauta los abrumadores asesinatos, sobre todo de mujeres, además de las desapariciones y el poder del narco. Aunque ha mejorado algo con el actual gobierno, el actual es un panorama ciertamente alarmante, heredado de los gobiernos anteriores pero que configura una calamidad de primera magnitud. Especialmente, no es pequeño problema el tener enfrente al narco, seguramente la peor expresión del crimen organizado de nuestro tiempo y que basa su gran poder en constituir una de las más rentables industrias del mundo. México no se merece esta lacra y creemos que vencerá también en esta dura contienda.
En cualquier caso, es mucho y muy venturoso lo que está sucediendo en México. La legislatura que concluye con López Obrador y la que comienza con su sucesora, Claudia Sheinbaum, clamorosamente elegida por el pueblo, permiten esperar tiempos de bonanza que lleven a México al lugar que le corresponde en América y en el mundo. Por mi parte, me adhiero al Humanismo Mexicano -salvo en su fobia antiespañola-, aunque no se diga en inglés y aunque no cuente todavía con el permiso del Tío Sam, cuestión en la que nos asalta el miedo, pues no podemos dejar de pensar en el antecedente de Chile y Allende.
Y para que no sean todo alabanzas, me voy a permitir una discrepancia con los dirigentes de Morena. Se refiere a la Historia de México y la resumiré con una sola frase: para mí el personaje más funesto en la historia de México no fue Cortés, sino Poinsett, el siniestro ‘embajador’ que les comunicó el inmenso odio de la Leyenda Negra y que sentó las bases de un México como colonia de Estados Unidos. Los españoles también sabemos lo que es ser una especie de colonia o protectorado del Tío Sam y, desde luego, no está siendo una experiencia demasiado satisfactoria. Por supuesto, son ustedes muy dueños de comprar el relato histórico de los angloamericanos (¡y a qué precio!), e incluso de imitar su american way of life. Solamente me atreveré a rogarles que no sustituyan su gastronomía por la de los gringos.