España es un país que está al borde del abismo. Al decir del PP lleva unos años que se arruina, que se hunde, que se rompe, que revienta, que está a punto de recibir las siete plagas.
Por ahora no se están cumpliendo sus vaticinios y no solo eso sino que además las cifras económicas de nuestro país están entre las mejores de Europa. Ni siquiera les han servido de mucho sus frecuentes viajes a Bruselas para atacar al gobierno de su país y denigrar a su amada España. En verdad que se entiende perfectamente su desasosiego; ya estaban salivando al pensar en las virguerías que podrían hacer ‘gestionando’ los fondos de cohesión europeos. Qué le vamos a hacer, tendrán que esperar unos años para retomar sus maravillosas formas de ‘gestión’ que, hay que reconocerlo, tanto gustan a sus numerosos votantes.
No se consuelan con su estupenda cosecha de municipios y autonomías, donde tienen buena cancha y podrán dejar que los machotes se desfoguen con las mujeres, con el asesoramiento de sus socios, presuntamente más a la derecha que ellos. Les saludamos con un “¡A disfrutar de lo votado!”.
Pero lo que más sorprende de estas reyertas es la resistencia del PSOE a entender la mecánica política que rige en este país de Frascuelo y de María, y del “¡Vivan las caenas”!, pese a estar tan meridianamente clara.
Así, asunto de amnistías, incluso multitudinarias y a ladrones de dinero público (defraudadores fiscales); hablar y negociar con separatistas, incluso terroristas; que gobierne si gana la derecha, pero no si gana la izquierda; etc., cualquier “incluso” o cualquier exceso es bueno si lo hace la derecha y es malo si lo hace la izquierda.
No es muy difícil captar la cosa y si además entraran en el arte de las mordidas y las comisiones fabulosas de Madrid hasta podrían captar algún votante del PP.
Si el gobierno se decide de una vez por todas a asimilar estas normas y enseñanzas, no estaría de más que adoptara algunas buenas costumbres de la derecha. Por ejemplo, rezar el santo rosario al comienzo de cada sesión del Congreso, y además sería un buen detalle que al finalizar las sesiones se cantara en Cara al Sol.
Es lógico que un ministerio-florero como Justicia no pueda o no sirva para impedir que sus funcionarios hagan su santa (nunca mejor dicho) voluntad con el asunto del CGPJ. Si son los encargados de vigilar el cumplimiento de la Ley los que hacen estas cosas, es evidente que nadie tiene más derecho que ellos a usar la Ley, incluida la Constitución, como papel higiénico.
Pero si se ha podido tragar –por unos y otros- 5 (cinco) años con esta vergonzosa situación es que no hay nada que hacer. Pero es lo cierto que se podría intentar conseguir algún mérito adicional para que la derecha perdone al gobierno del malvado Sánchez. Por ejemplo, nombrando ministro de Justicia al juez García Castellón.
Sin embargo, también en esta apestosa astracanada del CGPJ se puede obtener una consecuencia positiva: en lo sucesivo cualquier tipo de acuerdo en el que se implante una condición temporal de fecha, un plazo o algo semejante, el obligado podrá saltárselo a la torera y hacer pedorretas al que trataba de obligarle a cumplir su compromiso, quedando completamente exonerado de cualquier responsabilidad por su acción. Salvo en el caso de que el tipo que soltó el chascarrillo de que “La Ley es igual para todos” pronunciara esta frasecita completamente borracho y colocado.