LA NUEVA ANTIGUA ESPAÑA

Hace años estuve trabajando en un programa de cooperación en Paraguay; unos meses antes Strossner había sido derrocado y, como ocurrió en España, se sucedían los episodios de “adaptación” a la nueva situación.

Recuerdo un suceso muy comentado en Asunción. En un pueblo de la campaña (el campo) una mujer estaba lanzando unos gritos desgarradores y pidiendo socorro por la paliza atroz que estaba sufriendo por mano de su marido. Incidentes de este tipo no es que fueran raros, pero aquél estaba superando todos los casos por la espantosa agonía de la mujer. Los vecinos pensaron que la cosa ya estaba siendo excesiva y fueron a avisar al alcalde (el jefe de policía), que se presentó en la casa en cuestión a tiempo de evitar lo que seguramente habría supuesto la muerte de la infeliz. Tras detener el terrible castigo, el marido iracundo le espetó al policía:

—Pero bueno, qué pasa, ¿Es que con esto de la democracia uno no va a poder corregir a su señora?

Eso de la Democracia está muy bien, pero en la España Nueva nadie va a limitar la libertad de los machotes que deban corregir a una mujer. El nuevo gobierno facha considera que hay unas pocas libertades que no se pueden anular ni limitar, como ésta del hombre ejerciendo su legítima autoridad sobre la mujer. Máxime cuando la violencia de género no existe. Quien bien te quiere te hará llorar, incluso morir, y ningún rojo (ni roja) de mierda va a venir ahora con sus tergiversaciones y blandenguerías.  

Llevamos un año especialmente pródigo en mujeres corregidas. O a lo mejor es que antes, cuando aparecía una mujer maltratada o muerta a golpes o a tiros, o a cuchilladas, era más frecuente dictaminar que habían sufrido un accidente (¡estas mujeres son tan alocadas y tan flojuchas!) Ahora nos gusta más complicar las cosas y hemos sacado esa moda estúpida de la violencia de género. Evidentemente, no hay motivo para pensar que la presente epidemia de mujeres “accidentadas” no sea debida a alguna suerte de violencia galáctica o sideral, que no tiene nada que ver con la violencia de género. Avala esta hipótesis el hecho de las numerosas mujeres que votan e incluso militan en los partidos fachas del posible próximo gobierno.

Nos quedan unos días o quizás semanas de seguir aguantando la respiración, hasta que haya nuevo gobierno. De momento, en ayuntamientos y autonomías ganaron por goleada los fachas e, inmediatamente, se  han puesto a la labor de salvar a España, recuperando la censura, dejando abierta la posibilidad de que se pueda seguir construyendo en el Mar Menor, (Adiós Doñana, adiós)… Y esto no ha hecho nada más que empezar.

En el caso de que consigan formar gobierno los rojos, no lo van a tener nada fácil: Con la justicia igual, con el Senado en contra, con más de la mitad de las autonomías en contra, con muchos ayuntamientos en contra (bastantes de los más importantes) y con la Prensa cloacal más mordiente si cabe, el asunto podría estar bastante difícil incluso para el malvado Sánchez.

Pero si finalmente los rojos bolivarianos-comunistas-pederastas-etarras-homosexuales-ecologistas llegan a formar gobierno veremos cómo se apresuran a destruir España, arrojándola por el abismo de la chulesca exhibición de las estúpidas cifras económicas y de la disminución de la desigualdad, incluso son capaces de seguir intentando resolver el problema de la vivienda y seguir atacando a los más vulnerables: Banqueros, capos de las Eléctricas y a los turistas de paraíso fiscal… En fin, son capaces, solo por ofender y molestar, de no robar dinero público, no practicar el deporte de las mordidas y quebrantar las más sólidas tradiciones patrióticas de la relación entre los políticos y los empresarios montaraces. Por su parte, los gobernantes fachas podrán garantizar que no queden mujeres sin corregir cuando sea necesario, que no quedarán promotores sin poder construir donde les dé la gana, que se acabaron las mariconadas de la protección de la Naturaleza, que su defensa de la libertad para la gente de bien estará por encima de todo, pero sin dejan de vigilar de cerca a los currantes. Además se instaurarán las romerías con los más importantes emprendedores informales: los narcos, los defraudadores, los comisionistas áulicos, devotos de fondos buitre y demás patriotas; sin olvidar a los más destacados periodistas de la Prensa cloacal, que serán distinguidos con los más altos premios literarios españoles.

Pero ante el horrible cataclismo que supondría para España la asunción del poder por parte de los rojos, queda la esperanza de la liberación facha, con la definitiva coronación del Sr. Feijóo y su justa ascensión al solio monclovita, con un lucido acompañamiento de coros y danzas voxeros. No es posible glosar los méritos del gran jefe en un simple artículo; pero, aparte de su currículum (que sin duda es mucho apartar), existen unos rasgos muy sencillos e inmediatos que definen perfectamente su figura: es bastante ignorante y es muy cortito. Exactamente el perfil que necesitan los grandes capos y propietarios de España para el que vaya a ser su Presidente del Gobierno, alguien que se limite a cumplir las órdenes recibidas, sin tardar y sin necesidad de que las entienda. Y, por supuesto, las mujeres no tendrán que temer la pérdida de su más importante privilegio: ser corregidas siempre que lo necesiten. Pero siempre, siempre, con la más absoluta seguridad de que solo se está obrando por Dios y por España.

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