Llegaron los fascistas. En realidad nunca se fueron, pero han eclosionado, arrasando y orgullosos, estimulados por el auge del fascismo en todas partes. (No existe nada más ridículo que un conservador que no tiene nada que conservar). Y no es para menos, el 28 de mayo se vino a corroborar lo que ya hemos señalado alguna vez en este modesto blog: que España es un país de derechas y meapilas. Creíamos que el franquismo iba a pasar sobre nosotros sin rompernos ni mancharnos, pero después de 80 años inmersos en él lo llevamos metido en la sangre.
Podemos hacer algunas otras reflexiones. Lo primero que tiene que tener en cuenta el gobierno es que al Pueblo Soberano, y su predominante facción facha, le tienen absolutamente sin cuidado las conquistas sociales y laborales, las importantes mejoras de los números en general y cualquier asunto que afecte a sus vidas y haciendas. Es más, si aspira a mantener o recuperar el Poder, este gobierno debe demostrar que puede dominar el arte de la mordida, de las comisiones desorbitadas, de las inmatriculaciones y la pederastia, de los paraísos fiscales, en suma, de todo lo que da prestigio y elegancia a la gente de bien y al pueblo de Frascuelo y de María; preocuparse por los salarios y derechos de los currantes es una ordinariez y algo superfluo, habiendo tantos garamendis a los que socorrer y bancos a los que rescatar. Si quiere mantener o recuperar el Poder, el malvado Sánchez lo tiene muy fácil, que imite al Sr. Feijóo: su ductilidad (decir por la tarde lo contrario de lo que ha dicho por la mañana), no tener ni idea de lo que habla (una buena réplica a tanto «enterado»), hablar siempre en nombre de todos los españoles y de todas las familias (sus gurús especiales le tienen puntualmente informado de lo que quieren absolutamente todos los españoles) y, en fin, fijarse en lo que ha sido su largo reinado en Galicia. Hay un mérito objetivo que no se le puede discutir a Feijóo: si es el nuevo presidente, España entrará sin problemas en uno de los círculos económicos más importantes del planeta: el del narco.
El mensaje es claro: Hay que echar a este socialista-comunista-bolivariano-etarra-homosexual-ecologista, que amenaza peligrosamente con hacer de España un país normal y decente. Y lo cierto es que ha venido dando muchas facilidades para esa expulsión, por ejemplo: pasando ampliamente de la poderosa Prensa cloacal, con licencia para mentir y calumniar sin siquiera la menor amonestación ni la más ligera rectificación; de los jueces caducados, sediciosos y asilvestrados, y sus puertas traseras para controlar algún tribunal; de las serviciales policías paralelas, para escudriñar y perseguir cualquier cosa de la progresía; de los franquistas que quieren fusilar a la mitad de los españoles, etc. En fin, muchos y muy graves asuntos ante los que ha permanecido impasible o distraído, un pasotismo por el que posiblemente el presidente actual haya firmado su sentencia de muerte política. En el caso de que pudiera o debiera continuar manteniendo esta tónica, la verdad es que da igual que se presente a las elecciones o lo que resulte de ellas.
En este cambio de ciclo es necesario mencionar a un partido que nos deja: Ciudadanos; se presentó como partido de Centro radical, pero pretendió disputarle el puesto al PP; no lo consiguió y ha tenido que hacer las maletas, llevándose su gran aportación, el fascismo liberal. Más inteligente ha sido Vox, que no ha intentado quitarle el puesto al PP, sino simplemente compartirlo y ha dado pruebas de coherencia y sinceridad poniendo en un puesto relevante a un maltratador condenado; hay que dar caña con lo de la violencia intrafamiliar, (la extrafamiliar no interesa); además, si un machote decide sacudir o asesinar a una mujer, seguro que es porque ella algo estaría haciendo. Al otro extremo de la total tolerancia oficial para unos, todo lo contrario para otros: contra Podemos ha valido absolutamente todo y el Sistema ya se encargó de enterrar convenientemente el 15M; al Pueblo Soberano ya no le importa para nada que no haya pan para tanto chorizo.
De la derecha en general poco se puede decir, salvo que comprendemos su monumental cabreo por ver pasar ante sus narices las ayudas europeas, sin poder ‘gestionarlas’; aparte de su profundo desasosiego, por llevar tanto tiempo sin asesinar poetas.
Pero vayamos al terreno de las ilusiones, imaginemos que el malvado Sánchez vuelve a ganar las elecciones. En el mejor de los casos seguramente necesite coaligarse con alguna otra fuerza, tal vez progresista, puede que Sumar. Puestos a soñar e incluso suponiendo que se abandone el pasotismo señalado, me parece que toda esperanza se deposita en que ese posible socio actúe como levadura de la coalición resultante, evitando que el PSOE vuelva a las andadas de los ‘buenos tiempos’, de un partido en modo PPSOE.
Aunque teniendo ya a Madrid como auténtica Zona Nacional y como faro que guía a todas las Españas, si se mantiene la tónica de las últimas elecciones y a la vista de cómo está por el mundo el asunto de las migraciones, lo malo es que no sé si habrá muchos lugares que estén dispuestos a acogernos si tenemos que largarnos de aquí.