La guerra de Ucrania sigue adelante, con síntomas de recrudecerse ante la inminente primavera. Es decir, va bien; la bonita guerra alentada por USA, con los réditos ya tangibles de la resurrección de la OTAN, de la grave crisis para Europa y de rescatar a los rusos como los malos de la película, está en vías de conseguir todos sus objetivos.
Quizás la clave esté en la participación de Wagner, la experimentada empresa rusa de mercenarios que está participando en la guerra. Si fuera una organización que respetara la libertad de empresa, la solución sería tan sencilla como ofrecer más dinero a sus mercenarios, para que cambiaran de bando y conseguir buenas tropas de refuerzo para los ucranianos; pero es improbable que se consiguiera tan fácil y buen arreglo con un capo como Prigoshin, uno de los más importantes oligarcas de Rusia y cocinero de Putín. (De todas formas, creo que se debería intentar esta solución wagneriana)
Pero en cualquier caso la opción de los mercenarios es muy interesante y digna de ser tenida en cuenta. En este sentido, los Estados Unidos, país amante de las armas y con experiencia en las empresas de mercenarios, podría estrenarse con una acción positiva, aportando alguno de sus ejércitos privados de mercenarios, como por ejemplo el Black Water. Sería una iniciativa beneficiosa para todos: un importante alivio para los masacrados ucranianos y también una buena operación para los americanos, que podrían librarse de sus aguerridos tiroteadores de escuelas y supermercados, además de conseguir unas buenas utilidades del contrato. El negocio ya sería redondo para los americanos.
En fin, Putín quiere a Ucrania como una nueva Bielorusia, un país satélite, con una sólida dictadura y un presidente como Lukashenko. No se puede reprochar a los rusos que busquen aliados así, al fin y al cabo en el otro bando también nosotros tenemos aliados como Arabia Saudí, y no pasa nada.
Aunque, posiblemente, proponer soluciones para esta guerra no tiene mucho sentido porque se trata de una guerra bien preparada y manufacturada, y que conviene a las dos grandes potencias que la han promocionado y la mantienen; además, los grandes capos ya han decidido que Ucrania es un buen chivo expiatorio. Pero si se complica la confrontación y se extiende, no pasa nada: Europa está acostumbrada a las masacres y destrucciones masivas y a Estados Unidos le gustan las guerras, por supuesto siempre que sean fuera de su casa. Entretanto, la Alianza Anglo, tras el Brexit y la guerra, puede proseguir en su trabajo de destrucción de la Unión Europea, y cuando acaben con ella quedará reducida a un conglomerado de países irrelevantes, inconexos y seguramente mal avenidos. Sin embargo es posible que nos permitan mantener algunos enclaves como parques temáticos, en plan turístico.
A la vista de este panorama, ¡Como no nos ayuden los chinos!…