Estamos celebrando el décimo aniversario del 15M. O tal vez, a la vista de lo que hay, su obituario, y con la presidenta Ayuso rezando su responso. Se abre una nueva época en la que las cifras de pandemia, Educación o Sanidad son irrelevantes. Madrid, rompeolas de las Españas, mantiene el camino. Las aguas vuelven a su cauce.
Creíamos que 80 años de franquismo en vena podían pasar sobre nosotros como si tal cosa, sin rompernos ni mancharnos, y nos hemos despertado en un país de derechas, y no de una derecha civilizada como la que pueda haber en Europa, sino como una derecha cerril y meapilas Marca Ejpaña.
¿Qué fue de los indignados? Sobre todo entre los jóvenes, muchos tuvieron que emigrar, y otros expresan su rebeldía reivindicando el botellón.
Y había que acabar con cualquier rescoldo del 15M. En un país tan pródigo en políticos corruptos, ladrones e incompetentes de todo calibre, jamás se ha producido un acoso tan general (políticos, jueces y medios) y tan intenso como el desplegado contra Iglesias. Todo esfuerzo ha sido pequeño para ensañarse contra el coletas, el chepa; como si, en vez de ser el político más preparado del gremio, sólo fuera un apestoso perroflauta, chavista, ateo, comunista, pederasta, separatista, etarra, indeseable. Sin duda, Iglesias cometió algún error garrafal, como el de pedir en campaña la devolución del ‘rescate’ bancario, y aún aquí nos atrevimos a sugerìrle en este blog un cambio de imagen, sin resultado. Pero seguramente habría dado igual, ya estaba marcado y no había nada que hacer.
Y al partido, Podemos, se le ha controlado por tierra, mar y aire, hasta cuando iba al cuarto de baño. Cuando el lejano 15M, mucha gente dijo lo que pensaba del estado de cosas en España («No hay pan para tanto chorizo»), y se les espetó que si querían algo que se presentaran a las elecciones; lo hicieron consiguiendo alguna atención y llegaron al gobierno. Y se desató el odio, el rechazo de los ‘nacionales’, la persecución a sangre y fuego por parte de la ‘gente de orden’. Todo valía contra la Bestia. La Guerra Santa de los bienpensantes es implacable.
Verdaderamente, lo que no se entiende muy bien es cómo pudieron salir y cómo han aguantado tanto tiempo. (A Yolanda la deseamos que no le pase nada) Bueno, sucede que el Sistema, en su inmenso poder, gusta de permitir que la plebe se desahogue un poco de vez en cuando, pero siempre dentro de un orden y con la vuelta al establo garantizada.
Aireándonos un poco, digamos que la prensa inglesa ha certificado que a los españoles sólo nos interesa la cerveza, la fiesta y el sexo. Es un diagnóstico oportuno en el presente panorama, y consuela encontrar algo que nos pueda ser tan útil y favorable: es necesario defender y fomentar ese juicio británico, como el más adecuado para nuestra preciada naturaleza como país turístico. Nuestros grandes próceres decidieron la desindustrialización y el camino de los españoles como palanganeros de Europa, y a eso debemos dedicarnos con entusiasmo, aceptando ese destino manifiesto y abandonando de una vez por todas esas curiosas ideas de progreso económico para todos, de bienestar social, de excelencia cultural, de gobiernos honestos y eficaces, de justicia justa, y demás extrañas ensoñaciones por el estilo.
Para terminar, nos permitiremos una pequeña recomendación: atentos a la jurisprudencia. Delitos de odio y similares: condenas y cárcel sólo si los producen los ‘rojos’ o los raperos; si emanan de los ‘nacionales’ (tirador de Málaga, aguerrido general fusilador, jefe falangista incitando al asesinato), las solícitas togas maternales los acogerán como mera libertad de expresión. La ‘justicia’ mantiene el pabellón bien alto.
En cualquier caso, ahora lo que conviene es tener muy claro que ya se acabó el recreo.