Más allá de las discrepancias políticas o de cualquier tipo, siempre me ha causado gran asombro la inmensa y visceral inquina con que la derecha en general distingue al Secretario General de Podemos, Pablo Iglesias. Debido sobre todo a recientes acontecimientos en el mundo judicial, me permito formularle algunos consejos bastante obvios, porque creo que puede estar en peligro incluso su seguridad física.
Tal y como está el patio, es necesario y urgente recomendar encarecidamente al vicepresidente del gobierno, Señor Iglesias, que adopte algunos cambios que puedan paliar en alguna medida su terrible imagen actual. Lo malo es que la empresa puede suponerle cierta violencia o incomodidad, pero es preciso que lo haga porque el odio que suscita en la oposición no conoce límites, sigue en aumento y no sabemos hasta dónde puede llegar; son medidas tan fáciles de adoptar como absolutamente necesarias.
- Lo primero que debe hacer es robar, aunque sólo sea un poco (Ellos ya se encargarán de aumentarlo). Es necesario que robe; la verdad es que en este país viene resultando un poco insultante que un miembro activo de la política no robe. Solamente robando podrá librarse del estigma de rojo peligroso. Seguramente no tendría las garantías de impunidad de que gozan los prácticos en este arte, pero es absolutamente necesario pasar este trámite para contar con el afecto de la derecha.
- Si tiene ahorros o algún capital (si no tiene dinero de sobra, consígalo, por ejemplo, en Aval Madrid), debe depositarlo en algún paraíso fiscal. La impunidad está garantizada y si le pillan (tratándose de usted es casi seguro) sin duda le proteja el secreto oficial habitual de estas actividades (aunque siempre se puede conseguir la adecuada publicidad). Bueno, en su caso no sé, pero, de cualquier modo, seguro que podrá contar con que Hacienda, para estas cosas de defraudadores de cierto nivel, es como una madre. Lo que está claro es que tener dinero en un paraíso fiscal es señal de prestigio y motivo de consideración para los más conservadores.
- Deje de decir verdades como puños y dedíquese a decir vaciedades, falsedades y chorradas de memo integral. Esto puede ser muy duro y puede que no le quede fluido y natural, incluso que no sepa, pero es necesario para conseguir el respeto que le niega esa derecha y resulta bastante fácil, basta con que copie el estilo de la Sra. Ayuso o del Sr. Casado. Si consigue aguantar la risa, seguro que usted también acabará por divertirse y le cogerá gusto al asunto.
- Córtese la coleta (incluso puede apelar al símbolo taurino) y procure imitar el peinado de algún feligrés del PP.