LA OTAN COMO PRETEXTO

       Acabando el año 2019 se ha celebrado en Londres el cónclave de la OTAN por su 70 aniversario, bajo el diagnóstico del presidente Macron de «parálisis cerebral de la organización». Paralítica o desfasada, lo cierto es que la OTAN está necesitando, si no la disolución,  sí una revisión o actualización a fondo de su naturaleza y objetivos.

      En efecto, mucho han cambiado las cosas en la escena internacional y la OTAN no parece haberse enterado. Nacida al abrigo de la guerra fría para la defensa de los Estados Unidos, ya no están tan claros los malos de la película: la URSS ha desaparecido y ya no quedan comunistas de los que se comían a los niños crudos y apestaban a azufre por debajo del rabo. Además, parece que se acabó el mundo bipolar y se diría que aparecen más polos o, por lo menos, algunos polos distintos. Urge, por lo tanto, conseguir otro enemigo. Aunque, suponiendo que haya que seguir con esta monserga de los bloques y las alianzas, recuerdo al general De Gaulle y su sueño de una Europa que llegase hasta los Urales, en cuyo caso y en las actuales circunstancias, podría ser que los aliados naturales y lógicos de los europeos fueran los rusos.

       Pero sin duda el asunto prioritario de la reunión fue el dinero. Estados Unidos está molesto porque es el que más gasta en el club, mientras que hay socios que no llegan al propugnado 2% del PIB. No les falta razón a los americanos al quejarse de que los europeos eludan estas supuestas obligaciones en la defensa, contando con que el tío Sam corra con los gastos. La queja tiene sentido, aunque sin duda requiere algunas matizaciones. En primer lugar, dado el papel hegemónico de Estados Unidos (no hay igualdad con los socios de la alianza; creo que no hay ninguna base militar europea en USA), es natural que deba cotizar algo más. En segundo lugar, pese a la dilatada experiencia de los americanos en guerras de todos los tipos y tamaños, está claro que ellos siempre han mantenido estos conflictos lejos de casa, de modo que en caso de una conflagración cuentan con que sean los europeos los que aporten el escenario bélico; avalados por su gran experiencia  en destrucciones y matanzas masivas en su propia casa. A Europa no le importaría acoger una escabechina más, lo cual es otra razón que justificaría el mayor pago de los americanos (Aunque no estoy muy seguro de que semejante privilegio se pueda pagar con dinero)

      En resumidas cuentas, los americanos deben pensar que toda Europa es un Check point Charlie y además quieren cobrar por ello. Y no conviene cuestionar sus deseos porque luego vienen algunos problemas, como estamos viendo ahora con el asunto de los aranceles y el del brexit, bonito Caballo de Troya perpetrado por los británicos contra la Unión Europea.

      Sea como fuere, y en lo que nos afecta más directamente a los españoles, si de alianzas se trata, hay que tener en cuenta que no somos tratados como aliados, y nunca lo hemos sido. Desde la rociada de bombas atómicas con que los americanos nos obsequiaron en Almería, y cuyas consecuencias nunca han asumido, hasta el actual castigo con los aranceles (aun teniendo una base militar americana en Rota), los americanos siempre nos han dado el trato de una colonia de tercera categoría, pero creo que ya es hora de pedir un ascenso a colonia de segunda categoría. (Naturalmente, con toda la sumisión y acatamiento necesarios)

           En fin, los enemigos eran los rusos. Pero, bien pensado, si tenemos en cuenta que a lo largo de la dilatada y accidentada historia española, Rusia es de los pocos países con el que nunca hemos tenido guerras ni pleitos de ninguna clase, debemos reconocer que la OTAN es una excelente empresa de seguridad, que no sólo te ofrece un sistema de protección sino que, además, te proporciona el enemigo. (Bueno, lo de la protección no está tan claro, porque a nosotros no nos cubre, precisamente, ante nuestro único enemigo potencial, Marruecos)

       Para terminar, cerraré estas sesudas reflexiones con una anécdota vivida en primera persona hace casi 40 años durante una amena tarde-noche en casa de unos amigos en la huerta de Garrapinillos, junto a la entonces Base Aérea hispano-estadounidense de Zaragoza. Empezamos como a las 7 de la tarde y nos fuimos a eso de las 3 de la madrugada. Una agradable reunión que además se vio amenizada con un inesperado espectáculo: Durante toda la velada asistimos a un tráfico inusual de aviones, aterrizando y despegando de la base, y al anochecer, según fue oscureciendo había más, o eso parecía por el efecto de las luces de las aeronaves, en un carrusel continuo como si describieran círculos en torno a la Base, bajando y subiendo de manera incesante. No entendíamos lo que estaba pasando y creímos que se trataba de alguna exhibición, que estaban de fiesta o de maniobras.

       Al día siguiente, toda la prensa nacional daba la noticia del ataque masivo a Libia de la aviación estadounidense, que había dejado planchado al país. Naturalmente, todos los medios aclaraban solemnemente que ninguna base aérea conjunta en suelo español había intervenido para nada en el evento libio.

Deja un comentario