Antes el capo de turno te decía: “Hago esto, esto y esto, porque a mí me da la gana. Y usted se calla”. Ahora el capo, quizá el mismo, te dice: “Hago esto, esto y esto, porque a mí me da la gana. Y puede usted decir lo que quiera.” Es una forma de ver lo mucho que hemos avanzado en esto de la libertad de expresión.
Sin duda, esa Censura viscosa, feroz y total que existía en España ha desaparecido en buena hora, salvo algunos retazos que siguen cayendo sobre twiteros, raperos y demás francotiradores de las ideas para los que continúan todavía algunos zombis de inquisidor haciendo de las suyas. Pero es lo cierto que salvo estos tristes episodios y algún resto de autocensura, ese monstruo peludo de la Censura ha desaparecido legalmente entre nosotros.
Pero en realidad no está tan claro que haya desaparecido del todo, más bien parece que está mal enterrada; al menos nuevas formas de censura se alzan con no menos contundencia que la antigua, aunque todavía no suelen tener consecuencias penales. Existen temas tabú sobre los que no se puede hablar ni opinar libremente porque si te sales del libreto impuesto por los bienpensantes lo menos que te puede pasar es que caiga sobre ti, con asombroso furor, toda suerte de descalificaciones e insultos establecidos por las Oficinas de Ortodoxias ad hoc, expendedoras de etiquetas y sanbenitos, con una diligencia y un dogmatismo que para sí lo hubieran querido los padres de la iglesia en sus mejores tiempos. ¿Y cuáles son esos temas terribles con los que hay que tener mucho cuidado? Principalmente son dos:
1.- El nacionalismo.-
Algunos tipos chapados a la antigua pensamos que la religión y el nacionalismo son las cosas que más muerte y sufrimiento han traído a la Humanidad a lo largo de la Historia. Pero ahora soplan nuevos vientos y resulta que el nacionalismo e incluso el separatismo son muestra de progresismo, modernez y estar à la page, ¡incluso son ideas que han anidado en la izquierda! Los que soñábamos con abolir fronteras hemos sido barridos por los que reclaman abrir fronteras nuevas. Si dudas, matizas o discutes de los dogmas de esta fe atraerás sobre tí toda la cólera de la Oficina de Ortodoxias, que lo menos que te llamará será: forjador de paridas (Cataluña Cataluña), mesetario, centralista, franquista, facha, etc.
2.- La inmigración.-
Ante un fenómeno tan complejo y cargado de drama parece claro que pueden haber distintos puntos de vista, matizaciones e incluso discusiones y discrepancias que ayuden a centrar el problema en unos parámetros más objetivos y realistas. Pues no, los bienpensantes han establecido que aquí sólo cabe la política indiscriminada de puertas abiertas y no hay más que hablar; ante entradas ilegales, abominan de que se están haciendo expulsiones que consideran igualmente ilegales (¿?); todas las condiciones de los que llegan son adoptadas como dogmas de fe; las posibles condiciones de los que reciben no merecen la menor consideración o son radicalmente excluidas y condenadas.
Con perdón, me parece bastante claro que no pocos países europeos pueden desaparecer sepultados por la presión migratoria, pero cualquier forma de resistencia de esos países debe ser ferozmente condenada. (“A vueltas con la inmigración”)
Aquí entra también la imposibilidad de hacer la más mínima crítica a la condición de la mujer en la religión musulmana, asunto que nos atañe por ser éste el mayor contingente de inmigrantes que nos llega. Ni siquiera las feministas militantes se atreven a rozar el tema…
No se trata de oponerse a la inmigración, ni mucho menos, pero el derecho de cualquiera -habrá que decir ‘presunto’- a admitir en su casa a quien quiera se ha sustituido por el supuesto derecho de cualquiera a entrar en tu casa como quiera, donde quiera, cuantos quiera y cuando quiera.
Y siempre son las mismas acusaciones, las Oficinas de Ortodoxias ponen en marcha la espantosa máquina de insultar y descalificar contra los que osan discutir –sólo discutir- las grandes ventajas y motivos de la inmigración y se decreta sin matices ni apelación que son fachas, xenófobos, intolerantes, racistas, insolidarios, etc.
Es lo cierto, sin embargo, que a veces los bienpensantes penetran en el terreno de lo histriónico. Por ejemplo: si en EE.UU. se separan los menores inmigrantes de sus familias, automáticamente supone una tremenda condena; si en España sucede lo mismo, pero se procura lo contrario, que esos menores inmigrantes separados se reúnan con su familia, también supone igualmente una tremenda condena (“se quieren librar de ellos”)
En fin, hay que reconocer que los inmigrantes, igual que los separatistas, se encuentran en estado de gracia, y no cabe sino aplaudir todo lo que hagan o digan. De todas formas me voy a permitir una última maldad sobre los inmigrantes, respecto a la gran marcha actual de centroamericanos sobre la frontera de EE.UU.:
Me parece –con perdón- que sin duda sería mucho más justo, más útil, más eficaz y más necesario que esa avalancha humana se hubiera empleado a fondo (sobre todo en el Triángulo Norte, Guatemala, Honduras y Nicaragua) en limpiar Centroamérica de maras, corruptos, neosomocistas, violentos y demás escoria que está haciendo la vida imposible en esos países; ¡y no necesitarían emigrar! Pero no, se opta por marchar sobre EE.UU. (¿?) Bueno, reconozco que tiene mucha más rentabilidad mediática este show de poner en un brete a los malvados americanos.