Hace 30 meses comenzaba este modesto blog y lo hacía con unos artículos en que analizaba la tipología de nuestros políticos y sugería alguna posible solución ante ellos, a los que no vacilaba en considerar una verdadera plaga, “Los políticos (I)” y Políticos (y II). Ahora se ofrece otra posible solución: sustituir a los hombres por las mujeres en las tareas de gobierno. No sé, pero algo hay que hacer; se ha dicho que España es el país que peores gobernantes ha tenido a lo largo de la historia en muchas de sus épocas. O acabamos con la plaga o la plaga acabará con nosotros.
Hace poco el gobierno de Pedro Sánchez con mayoría de mujeres suscitó reacciones de asombro, sonrisitas de cachondeo y algún que otro gesto de rechazo. Lo cierto es que ya sabemos desde hace tiempo que la mujer puede desempeñar cualquier trabajo o misión que desempeñe el hombre y hacerlo, por lo menos, igual que él. Hay hombres que, muy condescendientes, admiten la igualdad, transigen con que la mujer pueda desempeñar cualquier cometido ‘de’ los hombres, naturalmente, si es inteligente y está muy bien preparada; pero eso no es igualdad. La auténtica igualdad sería que la mujer pueda acceder a cualquier puesto, aunque sea imbécil o ignorante, como sucede con muchos hombres. Sea como fuere, estamos en un momento en que las mujeres se reivindican cada vez con más fuerza, en que la mujer está harta y ya no va a dejar de mostrar su presencia. Con razón se ha llamado a éste el Siglo de la Mujeres, pero estamos asistiendo al repugnante espectáculo del deplorable estado de nuestra Justicia, donde, casualmente, la mujer está casi vetada en sus altos estamentos.
Sirvan estas líneas para solidarizarme con la lucha de la mujer, acompañadas de las palabras siguientes, curiosas y significativas, escritas hace ya más de un siglo, que avanzaban algunas ideas sobre este asunto y que nos indican que el problema no es nuevo.
Hace pocos días leía yo en un periódico la siguiente noticia estadística: “En la América del Norte hay tantos empleados hembras, como varones en el comercio y la industria, y sin embargo, casi todos los desfalcos y estafas han sido cometidos por hombres. Hay en aquel país más cajeras que cajeros, y sin embargo, se calcula que hay cien casos de desfalcos cometidos por cajeros por cada uno cometido por cajeras.” ¿A quién debemos, pues, encomendar con más confianza la custodia de la caja del Estado?
Pero acaso sería conveniente, no sólo encomendarles la distribución del dinero, sino también la justicia. Hemos visto y probado que el mundo no llegará a ella por obra de los hombres. Probemos a ver si lo conseguimos por mediación de las mujeres. El hombre es justo por excepción. La mujer por excepción es injusta. Tal vez ellas lleven a cabo la renovación de la política que todos ansiamos, le comunique el tono de honradez y humanidad de que carece. Decía Platón que el mundo no marcharía bien hasta que fuese gobernado por los filósofos. Es completamente falso. Los filósofos son hombres y llevan dentro del corazón, como los demás el virus del egoísmo. Uno de los más admirables que han existido, el famoso lord Bacon, ha dado en la historia el ejemplo más repugnante de inmoralidad. Y aunque por ventura el filósofo sea hombre de buena voluntad, todavía suele faltarle aquella sagacidad necesaria para manejar las riendas de la política.
¿Mas supuesta su moralidad y su recta intención, alcanzará la mujer el grado de habilidad y firmeza necesarios para manejar aquellos resortes? Los hombres nos complacemos en negarlo. Nuestro orgullo no puede sufrir que el sexo que hemos considerado siempre inferior, aspire a gobernarnos ostensiblemente (aunque de hecho y en secreto nos gobierne casi siempre) y nos resistiremos mucho tiempo a dejarlas intervenir en los negocios públicos. Sin embargo, la historia nos asegura acerca de esto. Entre los innumerables varones que han reinado sobre la tierra, sólo podemos escoger unos pocos buenos reyes. Entre las poquísimas reinas, apenas ninguna que no haya sido digna de serlo. ¿No dice nada el hecho de que en aquellas naciones donde las hembras no han sido implacablemente excluidas del trono, el monarca más excelente que han tenido ha sido una mujer? Que hablen Isabel la Católica de España, Isabel de Inglaterra, María Teresa de Austria y Catalina de Rusia. (…)
Armando Palacio Valdés, “Testamento Literario”