CATALUÑA CATALUÑA

       Al pensar en Cataluña lo primero que me viene a la mente es el enorme prestigio que tenía Barcelona entre los estudiantes en la universidad de Madrid. Hace bastantes años, al menos entre mis compañeros, cuando alguien decía que iba a Barcelona el comentario solía ser: “¡Ah, vas a Europa!”. Existía un evidente sentimiento de respeto y simpatía por Barcelona; en aquella época nos fascinaba su nivel cultural, su espíritu cosmopolita, su ambiente (después las cosas cambiaron) De todas formas, aparte, por causas muy personales, tengo fuertes motivos de cariño por Cataluña. Por ello, siento con especial preocupación la actual deriva de los acontecimientos en Cataluña.

       Para empezar, permítaseme un pequeño apunte colateral. Me parece sintomático el odio que la izquierda fashion y el nacionalismo feroz profesan a Albert Boadella, una de las pocas personas lúcidas (e interesantes) que hay en este país. Su tremendo (y último) pecado parece ser el de haber aceptado de Esperanza Aguirre un trabajo; pero creo que pocas personas estaban tan cualificadas como Boadella para asumir la dirección de un nuevo complejo teatral, los Teatros del Canal, y creo también que fue la única cosa  buena que hizo la Sra. Aguirre en todos sus mandatos, acoger a un exiliado de estas características. En cualquier caso, una cosa está muy clara para mí, al menos de cara a sus detractores supuestamente progresistas: no tienen ni la más remota idea de la vida ni de la obra de Boadella.

       Quizá no hay nada tan apreciado para cualquier nación como el tener un buen enemigo. Y Cataluña lo tiene (“España nos roba”) Además el presidente Rajoy, con gran esfuerzo y dedicación, supo acrecentar la lista de agravios y, con rara habilidad, hasta les proporcionó una buena lista de mártires. Teniendo en cuenta que seguramente ni sabía dónde estaba Cataluña, sin duda tiene el mérito de ser el político que más ha contribuido a engrosar las filas independentistas, y es un mérito que no se le puede negar.

       Y todo este procés ha venido a coincidir con un gobierno de España especialmente sórdido, con su corrupción galopante, sus enormes donativos a la Banca, su control de buena parte de la Justicia, sus ministros reprobados, etc. En fin, tantos ingredientes que contribuyen a no hacer ahora de España un país especialmente atractivo para la gente razonablemente normal y decente. Y por si todo esto fuera poco, está el ofrecimiento del caramelito de la República. En fin, la verdad es que los partidarios de la unión lo tenemos bastante crudo. ¡Qué le vamos a hacer!

       De todas formas hay algo que me parece claro, el nacionalismo, como la religión, se nutre sobre todo de sentimientos, y sentimientos no siempre muy racionales pero sin duda  muy fuertes, no en vano son las fuerzas que más muerte y sufrimiento han proporcionado a la Humanidad a lo largo de la Historia. Por eso carece de sentido intentar discutir sus bases y planteamientos ni el creciente odio a cuenta del idioma. Eso sí, entre el posible derecho a fabricar más fronteras y el de suprimir las que hay, permítaseme quedarme con este último. Pero, mal que les pese, los catalanes se parecen bastante a los españoles, por ejemplo, en su inquina hacia lo español y en la cosa de la corrupción.

      Seguramente lo más definitorio de este sentimiento nacionalista lo dijo el presidente Pujol, en su época más gloriosa: “Lo que no puede ser es que a un catalán se le trate igual que a un señor de Albacete”; es una declaración de principios en toda regla y que está muy clara.

       Pero una cosa me parece evidente, en resumen, no creo que se le pueda negar a nadie el derecho a decidir, como no creo que se le pueda negar el derecho a respirar. Y también creo que existe el derecho a la diferencia. Y me parece que son derechos absolutos y universales; es decir, no se pueden otorgar a unos y hurtar a otros, según los gustos y preferencias del líder carismático de turno (reconozco que no me gustan los lideres carismáticos) o los dogmas de alguna doctrina salvadora (lo mismo para los dogmas y las doctrinas salvadoras)

       Se debe poder votar, y si triunfa la opción de la independencia, pues debe ser otorgada sin excusa ni pretexto. Ahora bien, si se obtiene un porcentaje significativo de catalanes que no quieren la independencia, en virtud de esos derechos absolutos que hemos señalado, es evidente que procede la correspondiente división y váyanse por un lado los que quieren la secesión y por otro los que no desean separarse. Se trata de defender el derecho a la diferencia; habíamos quedado en eso, ¿no? En este sentido lo de Tabarnia no es ningún chiste; en su caso, con esa delimitación o la que sea habrá que dividir a Cataluña en zonas para poder proteger el sagrado derecho a la diferencia.

2 comentarios en “CATALUÑA CATALUÑA

  1. Lo que hay en la política española es gente primitiva sin ninguna capacidad intelectual. El que se proclamen entre ellos ministros, presidentes o monarcas no debería confundir a nadie.

    ¿Ustedes creen que van a independizar Cataluña o articular otro modelo de Estado o cambiar algo de la Constitución que pueda tener transcendencia? No. Estos semi-analfabetos no tienen ninguna capacidad para articular nada de esto. Cuando murió Franco, lo primero que hicieron fue dejar España en manos de Kissinger. Les hizo la Constitución en que cedían la soberanía de España a cambio de café para todos e impunidad. Hasta la licencia para robar se la tuvieron que hacer.

    Cada vez que se habla de cambiar algo en la Constitución se miccionan en lo puesto, por eso a todo el que habla de cambiar algo y no pueden pararlo, le dan lo que pida para callarlo. De ahí viene lo de pedir la independencia de Cataluña, lo de pedir quitar los 250.000 aforados, lo de pedir la España federal, etc. No hace falta decir que por mucha agitación de la masa, nunca han cambiado nada, siempre se ha resuelto dando al agitador lo que pide para sí.

    Para cambiar la Constitución necesitan pagar o compensar a alguien que lo haga, ellos son incapaces y, esto se torna complicado, España ahora está en la UE y será difícil encubrir una nueva cleptocracia constitucionalizada, poca gente capacitada estará dispuesta a aceptar este encargo. Y por parte de los que tienen la soberanía desde la ‘Transición’, si no lo han hecho ya es porque un cambio no les añade ningún beneficio.

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