En Bruselas parece que al fin han solucionado el asunto de la inmigración masiva a Europa. Como han dicho los belgas, eso es asunto de los «países ribereños» del Mediterráneo, y Macrón ha pontificado que Francia no es país de recepción. Se confirma lo que ya era un hecho, que una cosa es la Europa del Norte y otra la Europa del Sur, y que España está para lo que gusten mandar.
Al hablar de países ribereños hay que aclarar que se refieren a España y Grecia; Italia se salió de los PIGs, haciendo uso de su proverbial habilidad para cambiar de bando cuando las cosas se ponen feas.
En estas circunstancias se hace necesario dedicar un cálido recuerdo a don Leopoldo Luis Felipe María VÍctor de Sajonia-Coburg Borbón Orleans y Ghota, para los amigos Leopoldo II, el cual tuvo una finca en África llamada el Congo, con una superficie 20 (veinte) veces mayor que la de Bélgica y que tenía unos guardases muy competentes que eran el ejército belga. Se estima que entre diez y quince millones de personas (bueno, eran de raza negra) fueron asesinados por los belgas en su obra civilizadora, con un buen acompañamiento de torturas y mutilaciones. Ni Gengis Khan, ni Napoleón, ni Hitler, ni Stalin, ni nadie, nunca a lo largo de la Historia se ha matado a tanta gente en tan poco tiempo. Pues bien, esta gente encantadora, los belgas, no se consideran concernidos por lo que pueda suceder en África; es cosa de los «países ribereños», afirman sin despeinarse y sin dejar de comer chocolate y patatas fritas.
Francia no fue tan competente matando aborígenes, aunque dominó la mayor parte de África, pero su obra civilizadora no fue mucho mejor y no alcanzó a impedir que hoy buena parte de su población huya de sus países como de la peste. Por cierto, sí que hay llegada de africanos a Francia: en el actual campeonato mundial de fútbol, el equipo francés es el que cuenta con mayor número de jugadores de raza negra, exceptuando Nigeria y Senegal. Pero Francia tampoco se considera implicada con lo que pueda ocurrir en África, ellos no son país de acogida. Que se encarguen los «países ribereños». (A estos efectos, Francia no es un país ribereño)
Una vez solucionado el problema de la emigración a Europa, hagamos un poco de prospectiva. Supongamos que acaban por venir a Europa solamente la mitad de la población de África, salvo Sudáfrica y Egipto; resultan unos 500 millones de personas (lo que viene a coincidir con la población europea); y qué menos que otros 100 millones de asiáticos (considerando sólo el 2,5 % de la población de Asia). En total, contando si hay algunos rechazados, unos 500 millones de inmigrantes que tiene que acoger Europa, mejor dicho, los “países ribereños” (excepto Italia y Francia) Bueno, sólo es cuestión de organizarse.
Eso sí, a los pobres griegos y españoles, justo los que menos tienen que ver con el actual desastre africano, Bruselas les enviará algún donativo para acoger y retener a semejante avalancha de migrantes, gracias a la visión de Estado de nuestros gobernantes. Y ante todo es muy importante que quede bien claro que en España somos mogollón de solidarios.
Se refuerza así el Destino Manifiesto atribuido a España: servir, atender y cuidar gente, turistas o refugiados (Inclinándose la balanza progresivamente a este segundo grupo)