En relación al escándalo desatado en torno a las revelaciones de eldiario.es sobre el ya célebre máster de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, deseo romper algunas lanzas a su favor, o por lo menos doblarlas un poquito.
En primer lugar, deseo oponerme a las peticiones que se han producido para exigir su dimisión. Son varias las razones que me impulsan a ello, por cuanto esta señora me parece:
1.- Un ejemplo de generosidad, por querer tener un master universitario en un partido político que no se distingue precisamente por la apreciación y excelencia ni cultural ni académica de sus miembros, incluso sobre el que caben serias sospechas de una gran abundancia de analfabetos funcionales.
2.- Un ejemplo de coherencia y pundonor, al sacarse un master por procedimientos genuina y absolutamente peperos.
3.- Un ejemplo de respeto por las tradiciones: en este país no dimite ni dios.
Virtudes que sin duda se poseen con abundancia en su partido, pero que no se tiene el valor de exhibirlas tan a las claras.
El mismo diario ha señalado que Cifuentes resaltó las palabras sobre transparencia y honradez dedicadas a sí misma, horas antes de descubrirse el pastel. Y quizá la presidenta no mentía. Ella, que conoce bien el cotarro desde dentro, puede que crea de buena fe que sus ‘cositas’ académicas son una bobada comparadas con las que hacen sus coleguis de partido, en cantidad y en calidad, como lo prueba el constante goteo de ‘casos aislados’ y, sin salir de Madrid, los estanques de crianza de ranas a cargo de la genial e impoluta Esperanza Aguirre.
Con su exhibición de morro en la Asamblea de Madrid, palmeros del PP y de CS’s incluidos, la Sra. Cifuentes se ha ganado el derecho a ser nombrada mascarón de proa de su partido, aparte de que realmente ya se le está poniendo carita y aspecto de auténtico mascarón de proa.
Se ha dicho que la Moral es una disciplina estadística: está bien lo que la mayoría considera que está bien. Y en España está claro que la mayoría se ha decantado por la corrupción; esto no es una maldad ni una suposición, lo viene demostrando el resultado de encuestas y elecciones desde bastante tiempo a esta parte. No tiene nada de particular que, chapoteando en este campo de excrementos e inmundicias, la Sra. Cifuentes considere que sus aventuras académicas sólo son meras travesuras comparadas con las grandes hazañas de los pesos pesados de su partido (sin salir de ese partido ni de Madrid, y sin remontarse demasiado, la M30, el Canal de Isabel II, la Ciudad de la Justicia…)
No se puede pasar de ser la gran esperanza blanca del partido a ser un nuevo ‘caso aislado’, pasar a ser una simple choricilla irrelevante de la noche a la mañana. Pero vamos, que otro Padre (Madre) de la Patria ha sido pillado en posición desairada haciendo sus ‘necesidades’.
Aunque hay algo que, trascendiendo la anécdota (estas cosas ya son anecdóticas, tal y como está el país), configura un problema que me parece más general y mucho más grave: ¿Puede obtenerse así un master en nuestra Universidad? Aunque la URJC ya ha dado alguna muestra de prácticas ‘peculiares’, esperamos que con la intervención de la Fiscalía se decida a tomarse en serio este asunto.
Porque produce auténtico terror sólo de pensarlo: ¿Estas prácticas son extrapolables a otros casos y otras universidades? En fin, por si acaso, por favor, no sigan investigando los másteres y títulos académicos de nuestros políticos. Ojos que no ven…