TIEMPO DE OLVIDO E IMPUNIDAD

            Menos mal, 2017 se despide con una buena nueva: en diciembre se ha hecho pública la sentencia de la Justicia argentina sobre los criminales y torturadores que alimentaron sus dictaduras, con algunas condenas a perpetuidad (aquí eso sería imposible, porque aquí dicen que se trata ante todo de rehabilitar a cualquier clase de criminal) Y se hace inevitable la comparación con el caso español, en el que se optó por el ‘olvido’, es decir, porque unos olvidaran todas sus atrocidades y las víctimas trataran de digerirlas como pudieran. Una de las herencias de la Dictadura.

            La figura del dictador va normalmente unida a la del golpista, generalmente un militar que se subleva contra el poder legal constituido, y que actúa cargado de razones para acabar con una situación que considera catastrófica y que él se propone remediar. Por referirnos solamente a los tiempos de las elecciones y la Democracia moderna, es lo cierto que tan generosos propósitos suelen acabar como el rosario de la aurora, desembocando en situaciones iguales o peores que las que se pretendían supuestamente remediar. Tenemos toda la gama de situaciones golpistas, desde las típicas repúblicas bananeras hasta acciones más ‘serias’, como los golpes español, chileno o argentino. En esencia todos los golpes son iguales, pero estos últimos se revistieron de ciertas ínfulas de patriotismo y heroísmo que, si no fuera por su dramática crueldad, moverían a la rechifla y la carcajada.

           Permítasenos referirnos someramente a la figura del dictador. Generalmente militar, parece ser que entre las virtudes atribuidas al militar se encuentran la lealtad, el patriotismo, la disciplina y el valor. Ciertamente, no son cualidades exclusivas del estamento castrense pero se puede aceptar que son las atribuidas como más definitorias de su carácter. Si analizamos brevemente estas cualidades en el dictador (y sus seguidores) tenemos que hacernos algunas preguntas: Valor, ¿qué valor en enfrentarse a una población desarmada?; lealtad, ¿qué lealtad al sublevarse contra el poder legalmente constituido?; disciplina, ¿qué disciplina si rompen contra sus normas de conducta y sus jefes naturales leales?; patriotismo ¿qué patriotismo al torturar y asesinar y a sus propios compatriotas?

               Quizá un buen ejemplo de la gente empeñada en estas cruzadas sea el oficial de la Armada argentina Alfredo Astiz. Actuaba en la Escuela de Mecánica de la Armada, la ESMA, el templo de muerte y tortura del Régimen; famoso y eficaz en su trabajo, se le llamó el Ángel de la Muerte por su gran dedicación y su agraciada presencia de hombre rubio. Durante la guerra de las Malvinas fue destinado como jefe del destacamento de las islas Georgias y allí culminó su gloria al cagarse patas abajo apenas vio en el horizonte el barco de las tropas expedicionarias británicas; se rindió sin disparar un solo tiro el que había demostrado una singular bravura torturando mujeres embarazadas. Sin duda, una buena parábola sobre la calidad humana de esta gente.

             La película argentina “Garaje Olimpo” es una buena muestra del horror de aquella dictadura; pero sus autores encontraron una respuesta y han sido juzgados y condenados. Esa reciente condena no deja de afectarnos a los españoles por las comparaciones y la ignominiosa Ley de Amnistía que se abatió sobre nosotros como una manta húmeda (de sangre) de complicidad y silencio. España, la única que calla. Curiosamente, los tres países, España, Argentina y Chile son fervientes católicos y, casualmente, en ninguno de ellos la Iglesia hizo la más leve declaración de condena o de protesta. Silencio total. Y sólo España permanece en esa especie de indulto auto otorgado a los represores por los propios represores en compañía de sus solícitos monaguillos.

            Aquí, en la Policía y la Universidad, hemos tenido a los ‘Bilys-el-niño’ y a aquél célebre comisario cuya especialidad consistía en saltar de rodillas sobre el tórax de los detenidos (alguno murió así); todos esos tipos ni siquiera fueron expulsados del Cuerpo y siguieron en sus puestos, ascendiendo tranquilamente en el escalafón. En otros ámbitos la cosa fue aún peor. Pero, eso sí, con muchas misas y fanfarrias con la bandera (no me extraña que la pobre ande ahora tan pachucha)

           Y no parece que haya que esperar una reparación en un horizonte razonablemente próximo. El panorama político se va decantando y aclarando por momentos: la derecha está exultante, al palpar las enormes utilidades de su actitud y comprobar que no le afecta en las elecciones para nada su abrumadora corrupción; con mayoría parlamentaria o sin ella controla absolutamente la vida política y, como se ha dicho recientemente, si le va mal en un proceso, en vez de cambiar de abogado, cambia de juez. Incluso, si la corrupción acabara por ponérsele en contra y la secesión de Cataluña le pasa factura, todavía le quedaría un estupendo recurso: cambiar de nombre; a Convergencia y Unió le ha dado un excelente resultado. En cualquier caso, no cabe duda de que se encuentra crecida al contemplar la absoluta incapacidad de la izquierda para realizar siquiera un conato de unidad. La Gran Derecha pisando (nunca mejor dicho) fuerte: la derecha Pp (derecha con chulería) y la derecha Psoe (derecha con mala conciencia)

           El espíritu del 15-M no parece estar en sus mejores momentos e incluso luce agonizante para algunos, y tendremos que tragarnos la vergüenza de que sea la Justicia de otro país (¡Ah, la justicia española!) la que entre en estas causas pendientes. En todo caso, a mí me parece que lo que está en juego es algo más que meras cuestiones de reparación y de justicia; de lo que se trata es de saber si somos capaces de cerrar de una vez por todas el ominoso capítulo del franquismo, si de verdad queremos que esta nación sobreviva como tal.

Deja un comentario