DE CENSURAS Y ADHESIONES

En los últimos tiempos parece como que las cosas se amontonaran. No sólo el avance de la ciencia y la técnica, cada vez más acelerado, sino también nuestros conceptos más asentados y hasta nuestra propia percepción de la realidad pueden experimentar cambios tan radicales como no se han conocido antes en la Historia de la Humanidad.

Y resulta más que inquietante que todas estas tremendas transformaciones vengan a coincidir en el tiempo con la clase dirigente que, en general y seguramente, es la más ruin, incompetente, zafia y vendida de todos los tiempos. Obsesionados por proporcionar a los ricos los medios para ser cada vez más ricos, han olvidado por completo al resto de la Humanidad, al que han decidido dejar a su suerte. Discursos y soflamas no faltan, pero las cosas están ya lo suficientemente claras como para que nadie se llame a engaño.

Todo parece apuntar en la misma dirección; en Europa ya conseguimos a un presidente, Junkers, procedente de un paraíso fiscal y en Francia acabamos de estrenar un presidente procedente de la Banca. Del empresario-presidente de los Estados Unidos no hay mucho que añadir, salvo agradecerle que haga de golpe y descaradamente lo que otros capos de “El Sistema” están haciendo lenta y solapadamente.

En cuanto al caso de España seguramente es más irrelevante por más pequeñito, pero es el que nos afecta más de cerca y aquí el panorama no es mucho mejor. Ya no merece la pena hablar de las trapisondas de la judicatura ni de la corrupción porque los partidos de siempre han decidido que no es para tanto, que muy rico y muy abundante y que todo está muy bien. En el asunto (al parecer, menor) de la corrupción vienen a decir como que la gente en el poder y sus apegados tienen que tener sus ‘incentivos’ y que lo de ‘pillar’ es ya un derecho adquirido de los partidos “serios”, porque sus sólidos principios éticos y religiosos, o su dilatada historia, los avala. El único partido de la Oposición, y que ejerce como tal, que se atreve a presentar una moción de censura, lo hace en medio de la rechifla general; todos los partidos comm’il faut y todos los medios se han apresurado a condenar el hecho y a carcajearse de esta iniciativa, lo que equivale por parte de todos ellos a una moción de confianza y de fervorosa adhesión al gobierno. Vuelven las célebres adhesiones inquebrantables. E tutti contenti.

Pero se ha producido un hecho insólito: el Tribunal Constitucional se ha estrenado con una sentencia sobre un asunto que interesa a la gente, la amnistía fiscal. Cierto que lo ha hecho en el plazo necesario para preservar la “seguridad jurídica” de los chorizos; es decir, en lo que interesa, pagar, sigue todo igual, pero ha podido sentar los argumentos más perogrullescos para señalar que eso de pagar impuestos es algo que atañe a todos. Ahora las cosas se quedan como están, pero en lo sucesivo los gobiernos tendrán que ingeniárselas de otra forma para proteger a los que se escaquean de pagar y para seguir dando caña a los infelices e imbéciles que pagamos.

Imagino que en las huestes de la Pp se transmitirían estas consignas:

-Que ha dicho el presidente que en la cosa de los impuestos no hace falta cumplir la Constitución, pero que en lo del referéndum, sí.

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