Tremenda conmoción la de la elección de Trump, y me parece que no es para tanto, en el sentido de que es bueno todo lo que suceda para clarificar las cosas. Se trata solamente del desenlace de un proceso muy claro y muy previsible que afecta a toda la Humanidad. Si cada vez los ricos son más ricos y cada vez la clase media está peor y más depauperada, engrosando a la clase de los pobres, cada vez más pobres, es lógico que la primera potencia mundial estrene un gobierno formado por millonarios.
Ocurre que ya hace tiempo tenemos muy claro dónde radica el poder real del mundo: en el dinero. Con más o menos descaro, son los poderosos de la economía los que manejan todos los resortes del poder, de manera que los políticos sólo son sus delegados, los diligentes empleados que trasladan a las leyes toda la normativa necesaria para hacer cada vez más cómodo todo el proceso de feroz acumulación de riqueza y poder de estos dueños del mundo. Estos políticos adoptan diferentes posiciones y aspectos según el rango de sus respectivos países, desde serios y eficientes capataces hasta patéticos dominguillos y palanganeros de sus amos. Todo un amplio catálogo de situaciones espeluznantes vienen ilustrando el panorama imperante: los paraísos fiscales, las puertas giratorias, las multinacionales invasoras, la Banca subvencionada, la impunidad garantizada por los desmanes, etc., etc. Es lo que venimos entendiendo por «El Sistema».
Pero hasta ahora lo que venía siendo normal en la actitud de estos grandes capos de «El Sistema» era su extremada prudencia, ellos preferían permanecer en la sombra y desconocíamos casi por completo sus nombres y sus rostros. Pero Trump rompe esta regla de discreción y sigilo y no vacila en entrar bajo los focos, pudiendo en este sentido ser considerado como un adelantado, un auténtico pionero. Es un asunto que tiene su importancia y puede tener varias explicaciones. En primer lugar puede ser que Trump no se encuentre en un círculo suficientemente alto. O puede ser que le haya vencido la vanidad, como al parecer le sucedió a su antecedente, Silvio Berlusconi, que a pesar de ser uno de los dueños de Italia se metió en esos líos del gobierno y, por cierto, con gran éxito electoral.
O quizá es todo mucho más sencillo y lo que sucede es que los capos se han dado perfecta cuenta de su triunfo arrollador, habiendo sabido inyectar el miedo al pueblo, que siente pánico por su bienestar o incluso su propia supervivencia. Mecidos por este éxito, los capos ya no necesitan para nada disimular ni ocultarse, pueden salir de entre las bambalinas y bastidores y mostrarse sin reservas y sin ningún problema. Trump podría ser una muestra de esta nueva etapa de ‘destape’ de esos actuales líderes públicos.
Por otra parte, hay un hecho general bastante significativo. Sin duda, el tráfico de información que supone Internet es el más colosal e incontrolable que nunca haya tenido lugar. Ahora se puede decir que por las redes sociales todo el mundo sabe de los manejos -no siempre limpios- y de la codicia infinita de estos capos. Quizá en otro tiempo esa copiosa información habría provocado que la gente se tirara a la calle con horcas y cuchillos. Ahora, sin embargo, no sólo nadie se tira a la calle (salvo, quizá, el 15M), sino que casi todo el mundo vota a los sicarios de esos capos y les da las mayorías y los gobiernos. Tanto mejor será si en vez de a los sicarios se puede llegar a votar a los capos directamente. Y en eso parece que estamos.
Por lo demás lo único que pasa es que en adelante Estados Unidos nos dará un poco más de miedo y los estadounidenses un poco más de lástima, aunque en realidad ellos lo votaron y habrá que pensar aquello de que sarna con gusto, no pica.
Y ya que hemos nombrado a Berlusconi, curiosamente, hay una afición común que parece hermanar a estos dos grandes líderes: el Bunga-Bunga.