PELIGRO: ELÉCTRICAS

     Una abuela ha muerto por un incendio de su colchón en su casa. Había dejado de pagar la luz y se la cortaron. Estaba viviendo a la luz de las velas. Y se prendió fuego. A quién le importa. Sólo era una pobre vieja. Para «El Sistema» sencillamente es un daño colateral.

   El Tribunal Constitucional ya había anulado un  decreto de pobreza energética de la Generalitat catalana que quizás habría salvado la vida de Rosa. Lógicamente, se puede discutir  algún precepto de la Constitución, pero no se pueden rozar normas o intereses de rango superior, como son las disposiciones, reglamentos y voluntad de las eléctricas.

    Al parecer las eléctricas no avisaron debidamente del corte o los servicios sociales no se enteraron de nada. Por otra parte, objetivamente, hay que reconocer que las eléctricas cometieron un grave fallo, al no poner contadores a las velas. (Todavía)

    Las eléctricas: no saben ustedes con quién están hablando. Cualquiera que tenga algo que ver con la construcción sabe de la fuerza absoluta que tienen sus propias normativas, ante las que no hay ordenanza de la edificación o normativa técnica de ningún tipo o rango que pueda ni se atreva con ellas.

   Es un poder omnímodo que se manifiesta en todo. Desde los casos de viviendas abandonadas temporalmente, por hospitalización o fallecimiento, que permanecen cerradas y sin uso durante meses, y que sin embargo siguen cobrando sus recibos con supuestas medidas de contador semejantes a las que tenían cuando estaban en uso normal, hasta ese cobro del recibo absolutamente surrealista que rezaba algo así como «en concepto de compensación por el paso al régimen de competencia», cuando lo lógico sería justamente lo contrario, que se indemnizara al usuario por el tiempo que habían permanecido ante un régimen de monopolio.

    Con razón, tienen bien surtidos sus consejos de administración y bien engrasadas sus puertas giratorias.

   Pero al decir de estas empresas, están atendiendo un negocio poco menos que ruinoso, con enorme sacrificio por su parte, lo que sería un motivo suficiente para su nacionalización, máxime cuando hay aspectos de sus propiedades que no están muy claros, por ejemplo las presas de los ríos.

    Porque, vamos a ver, ¿de quién son los ríos que hay en España? ¿quiénes son sus únicos y legítimos propietarios? Parece que la respuesta debe ser: los ríos de España son de los españoles. De todos los españoles, no sólo de los propietarios de las compañías eléctricas. Y sin embargo, esta gente se ha apropiado de ellos, manteniendo sus aprovechamientos hidroeléctricos mucho más tiempo del necesario para conseguir su amortización y justa retribución. Y los siguen poseyendo cuando lo lógico y decente es que fueran propiedad del Estado..

    Eléctricas, Tribunal Constitucional e instancias sociales, entre todos la mataron y ella sola se murió. Permítanme que encienda una velita en recuerdo de esta pobre mujer pobre.

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