Parece un hecho incuestionable que España es el país del mundo con más escuelas de Business por metro cuadrado.
Al decir de los expertos, que en estas materias son muy expertos, no sólo es por la cantidad; las escuelas españolas de negocios, de marketing, de dirección de empresas, de business, destacan también por su gran calidad.
Y la verdad es que semejante explosión de excelencia irradia pautas de comportamiento, estilo y normas para todo lo que son relaciones laborales en España. Por ejemplo. sin duda hay que atribuir a los busineros el gran invento de los mileuristas, hoy ya un sueño inalcanzable para casi todos los que comienzan su andadura laboral. Ahora lo que se lleva es el salario mínimo, incluso menos. Y, por supuesto, nada de cobrar por hacer horas; las horas extras son gratis, es mucho más barato (excelencia económica) e impide la creación de los puestos de trabajo que cumplirían esas horas. Incluso es de buen tono trabajar por nada, gratis, por la cara. Inventos como el becario vitalicio o los contratos por días o por horas, perfectamente renovables hasta el infinito, jalonan su ejecutoria. Y ya, los auténticos virtuosos son los curritos que pagan por ser contratados.
Es el gran logro y la gran revolución de nuestras empresas y relaciones laborales, relegar al trabajador a la condición de gusanito inmundo que debe arrastrarse para conseguir un puesto de trabajo, con cualquier retribución y con cualesquiera condiciones de trabajo. Y encima dar las gracias. Es un mérito que no creo que se le pueda regatear a los busineros. Y no vacilan en tratar así incluso a gente infinitamente mejor preparada que ellos, pero que sin duda carecen del carisma empresarial y marketinero que aureola al auténtico businero. Está por evaluar el perjuicio para el país que supone la marcha de tantos buenos trabajadores que huyen de España en busca de condiciones de trabajo humanas. Y todo ello sin olvidar la delikatessen del tinglado, si a la empresa le va bien, ¡ale hop!, nos llevamos la pasta a un paraíso fiscal.
Luego hay especialidades, como por ejemplo, para transitar por el proceloso mundo de la Administración, el arte de la mordida, coima, propina, soborno o enjuagues en general, poco respetuosos con la legalidad y con la decencia en la competencia pero que, sin duda, contribuyen a engrasar los mecanismos del Comercio y la Industria. Y los políticos, la Política, especialmente receptiva en nuestro país a este tipo de ‘gestiones’. E tutti contenti, funcionarios, políticos y empresarios, de los de los business.
Pero lo que sorprende y no se entiende muy bien es que ante tanta cantidad y calidad de escuelas de business, España no esté a la cabeza en el mundo por la calidad de sus empresas. Nuestras empresas verdaderamente meritorias y excelentes -que las hay- son la minoría, la excepción. Porque, ciertamente, es preciso distinguir entre el empresario serio y eficiente y el empresario-estraperlista, pero es lo cierto que este último es el que parece predominar entre nosotros e implantar mayoritariamente su ejecutoria y su estilo en nuestro celtibérico mundo empresarial.
Por los campos de desolación de España, cabalgan invictos los busineros.