LLEGARON LOS CHORIZÓLOGOS

     Las negociaciones del PP y C’s para la malograda investidura han producido un documento político importante, pese a su vida efímera y a su más que problemático cumplimiento si hubiera seguido adelante. Aun así, es un hito que no podemos dejar de comentar someramente.

      Como era de esperar, el apartado más espectacular es el referido a la corrupción. Vaya por delante que parece un gran acierto someter el asunto de la corrupción a la fuerza política que es, sin duda, la primera autoridad y la que más experiencia acumula en la materia.

     La rica casuística de la corrupción es necesario que sea analizada minuciosamente, decidieron los firmantes de este pacto. Por ejemplo, si el prócer robó con buena o con mala intención; por ejemplo, si la mordida se recibió tête à tête o mirando al tendido; por ejemplo, si la chorizada se perpetró a conciencia o de forma distraída; por ejemplo, si los expolios, saqueos (en palabra de la Sra. Cospedal) y las estafas se ejecutaron de buen rollito, o no; etc., etc. Son muchos los matices y factores a considerar, antes que despachar el asunto de forma tan superficial como hasta ahora, muy benevolente pero algo apresurada.

    Además, la complicación de la tarea y su trascendencia haría necesaria una nueva profesión, el corruptólogo o chorizólogo, que sería el encargado de dictaminar en sus detalles el acto corrupto. Como la cosa no es fácil, sería muy necesario ese experto que pueda discernir entre el gestor simplemente ladrón y el que pueda considerarse únicamente como un emprendedor informal demasiado heterodoxo; y ese especialista sería necesario en grandes cantidades, con la correspondiente incidencia beneficiosa sobre el paro. Obviamente, este tipo también gozaría de inmunidad. Etc., etc.

     Como no podemos eliminar la corrupción, lo mejor será adaptarla. Es más, parece ser que un importante grupo de expertos independientes tiene ya a punto un estudio que afirma que la corrupción es buena, que constituye un excelente estímulo para la economía y es un necesario aliciente para compensar los sacrificios de nuestra abnegada clase política.

      Otro aspecto de interés en este pacto era el asunto de los aforramientos (aforamientos en lenguaje académico). Esto quedaba igual y es justo que así sea. En efecto, si España es el país con más políticos profesionales y que a su vez arrastran consigo a la mayor turbamulta de apegados, es lógico que necesiten más protección a sus posibles deslices por su ingente cantidad. Es necesario mantener la protección del aforramiento a los millares de corruptos existentes o potenciales y añadir a los que incrementen este número gracias a las nuevas normas.

      En cuanto a la supresión de organismos inútiles, lógicamente la cosa quedó en nada: siguen las Diputaciones. Tras la creación de las Autonomías, quedaron como trastos superfluos, pero el caso Baltar ilumina con gran claridad la necesidad de este excelente filón para la mamandurria, la gran línea roja de los políticos en su prioridad de preservar puestos para repartirse. Y sigue el otro gran armatoste caro e inútil por antonomasia, el Senado, mamandurria dorada, aunque si no existiera tenemos que reconocer que habría que inventarlo para proteger a personajes como Rita Barberá. Y dejamos otros puntos del pacto, del sí pero no, porque se comentan por sí solos.

      En espera de próximos pactos de C’s, se comprueba que España apunta maneras y pugna por seguir avanzando en su camino de envilecimiento y degradación, y sus capos en el camino de la prosperidad. Todo bajo control.

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