Dos próceres de nuestra vida pública pasean por el Salón de los Pasos Perdidos con gesto preocupado. Abrumados por los problemas de Estado que gravitan sobre sus hombros, hablan en tono pausado y con gestos solemnes, como corresponde a sus altos magisterio y responsabilidad.
– Me parece que a este personal lo de «Pueblo Soberano» le viene muy grande.
– Sí. Y la verdad, no entiendo muy bien a qué maldita soberanía se refiere la cosa.
– Se trata de fórmulas poéticas que a veces tenemos que manejar los políticos para regalar un poco el oído a la pobre gente.
– Pues es cierto, habría que buscar una expresión que definiera mejor a este ganao.
– Ojo, pero sin faltarles al respeto, que no se puede ofender demasiado a la gente que nos da de comer (y muy bien por cierto) a cambio de nuestros desvelos por forrarnos y por colocar a todos nuestros apegados.
– Por supuesto, ante todo mucho respeto hacia esos infelices.
– ¡Creo que ya lo tengo! En vez de Pueblo Soberano habría que decir «Plebe Soberana». Lo de «Plebe» expresa mucho mejor su estado y condición, y lo de «Soberana» les sigue dando un poco de coba para que continúen creyendo que pintan algo.
– Y encima es femenino, lo que expresa nuestra preocupación por las cuestiones de género.
– Está muy bien, y además tiene las mismas siglas, P.S., que se pueden utilizar para que la izquierda no se mosquee ni haga como que se cabrea.
– ¡Fantástico! corramos a proponerlo a nuestros capos.
– Para que luego digan que los políticos no resolvemos ningún problema.