Como en la película del día de la marmota, aquí estamos condenados y resignados a repetir la historia todos los días, a escuchar otra vez a los políticos con sus mismas vaciedades, sus muletillas, sus estupideces. ¡Que poco nos interesa a algunos lo que nos puedan decir o dejar de decir! Y lo seriecitos que se ponen, con cara de defensores de la Democracia. Si la investidura, o embestidura, hay que aguantarla, pues sea. Pero, por favor, que nos castiguen lo menos posible con sus discursos. Piedad. Un poco de compasión para estos súbditos engañados, puteados, robados, aburridos.
Me van a perdonar que yo a mi vez no les castigue ahora también con algún comentario que sólo puede ser ocioso en el presente contexto. A cambio, me permito recomendarles los dos primeros artículos de este blog: LOS POLÍTICOS (I) y POLITICOS (y II) No se me ocurre otra cosa mejor en este asfixiante momento.
Por lo tanto no volveré a referirme a este asunto ni a estos estériles pasatiempos de nuestros impresentables políticos; en adelante solamente me referiré a otras cuestiones de la vida que, a pesar de estos sujetos, sigue alentando a nuestro alrededor.
Saludos.