NEGOCIAR EL NUEVO GOBIERNO GOBERNAR EL NUEVO NEGOCIO

      De nuevo un Congreso difícil y la perspectiva nada disparatada de unas terceras elecciones. En ellas, con toda probabilidad, la PP conseguiría mayoría absoluta, sobre todo si tiene la suerte de continuar cosechando casos de corrupción casi a diario.

    Ahora se trata de intentar solucionar una situación difícil. La gente tiene que tener paciencia con las conversaciones de los partidos para la cosa de la investidura, del gobierno y todas esas altas cuestiones que corresponden a los Padres de la Patria, y comprender que se trata de hacer negociaciones muy arduas y ajustes muy complicados que tienen su tempo y requieren su adecuada reflexión.

      En efecto, hay que decidir nada más y nada menos que sobre el reparto de las mordidas, la estructura y la dotación de la mamandurria, la adjudicación de puestos (sillones, que se dice ahora), la continuidad y las garantías de la impunidad, etc. Es lo de siempre, pero ahora el asunto se pone un poco más difícil por culpa de estos nuevos partidos que van de puros y de serios, y por culpa de los cuales habrá que andar con mucho más cuidado, perdiendo la alegría y el desenfado que teníamos hasta ahora en esto del afane y el mamoneo, que diría un prócer al uso.

      Sin duda, es un gran contratiempo el tener que andar con estos remilgos en el ejercicio de lo que ya es un derecho adquirido de los Padres de la Patria. Pero que no cunda el pánico, seguramente sólo es cuestión de tiempo, cosa de esperar hasta que los nuevos -si perduran- cojan también la marcha y entren en los «incentivos» de la clase política, momento en el que cesará el odio y el vacío que demuestran hacia Podemos todos los partidos y todos los medios del país.

    En las últimas elecciones han vuelto a ganar por goleada PP y PSOE, y tal vez se cumpla la máxima lampedusiana de que algo cambie para que todo siga igual, aunque seguramente estos dos primeros partidos refuercen sus papeles de poli malo y poli bueno, en defensa de los intereses de «El Sistema». De momento, ya se ha mostrado bien a las claras que a la mayoría del pueblo español la corrupción le importa un bledo, incluso que le mola cantidad, hasta premiar con sus votos a bastantes de los lugares que más han destacado en los últimos tiempos en el arte del choricismo. Y no se puede ignorar al pueblo soberano en sus preferencias. Hay que rendirse a los hechos, España es mayoritariamente un país de piñón fijo, masoquista y amnésico. O chorizo de corazón.

     Bueno, (es una idea ya formulada en algún artículo anterior, y que cada vez me parece más plausible), también puede ocurrir que las huestes de la mamandurria superen ya a la gente normal, que los chorizos y los mamandurriados ya sean más numerosos que los decentes y los indignados. En cuyo ca so, como diría el Dante, abandonad toda esperanza.

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