CORRUPCIÓN EFICAZ

      Es una sencilla comprobación de la situación actual que nuestro estado de corrupción rebosa ya por todas partes, incluso saltando al extranjero. Ahí tenemos al Comisario Cañete teniendo que dar explicaciones en Bruselas sobre el repugnante caso Acuamed ( LA PARÁBOLA DEL AGUA ). A partir de ahí, la corrupción generalizada y la desmoralización general de la población (excepto de los usufructuarios directos de «El Sistema») son ya un hecho.

       Como esta situación parece tener ya una difícil solución, sin duda la vía más inteligente sería la de aceptar nuestra realidad e intentar adaptarse a ella con todas sus consecuencias. Una vez reconocidas las peculiaridades de nuestra idiosincrasia, hay que empezar por crear el Ministerio de la Corrupción, instancia del Gobierno muy necesaria para poner un poco de orden en esta actividad tan nuestra y actualmente muy desarrollada pero de una forma un tanto voluntarista y caótica. Ya se ha dicho que en España lo único que funciona bien es la corrupción y de eso se trata: mangantes sí, pero con seriedad y eficiencia. Este Ministerio tendría una Secretaría de Estado para la Mordida y el Soborno y Direcciones Generales en diversas áreas, por ejemplo: para el Nepotismo, el Mamoneo y la Mamandurria, para los Apaños Judiciales, para las Subvenciones y Chanchullos, para la Supervisión de Organismos Inútiles, para las Privatizaciones, etc., etc. La Inspección de Hacienda para la cosa del llamado fraude fiscal simplemente se trasladaría tal cual a este nuevo ministerio, redoblando, junto a la Justicia, su tarea de persecución implacable de los robagallinas. Obviamente, presuntos órganos de control como el Tribunal de Cuentas, lo del Mercado de Valores, lo de la Competencia, lo de Inspección del Banco de España y demás chiringuitos para los amiguetes se integrarían también en este Ministerio.

       Potenciando y organizando bien las cosas en las que ya somos líderes, como la enorme cantidad de políticos profesionales que tenemos, sólo con los Gurtel/Bárcenas y los EREs tendríamos un elenco de próceres de lo más granado y eficaz para regir y nutrir este Ministerio y conseguiríamos dar un poco más de lustre y coherencia a nuestro talento natural para el choricismo.

     Por supuesto, los políticos, los de las eléctricas, los banqueros y demás capos de «El Sistema» podrían seguir repartiéndose el botín a sus anchas, más todavía, y seguir con el sonsonete de las exigencias del Mercado, sin olvidar recordarnos que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades (desde luego, lo que sí es muy cierto es que estamos robando por encima de nuestras posibilidades), echándole al asunto todo el morro necesario y algo más.

   Simplemente, es una vía que apuntamos para salir del agujero remozados y más reforzados, porque creemos sinceramente que no basta con criticar y protestar sino que hay que aportar soluciones.

 

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