EUROPA, EUROPA

Acaba de celebrarse el día de Europa y varios acontecimientos relevantes vienen a coincidir estos días con esta efemérides, normalmente venturosa y este año sin demasiados motivos para las alegrías. Tal parece que la idea de Europa incluso estuviera languideciendo.

El asunto más importante es sin duda el gran aluvión de refugiados que se nos ha venido encima, a consecuencia de la guerra civil de siria y el Estado Islámico. Extremando la crueldad, los islamistas han provocado una huída en masa, una gran estampida movida por el pánico y que viene hacia Europa, no a otros países más próximos, más afines, algunos muy ricos, alguno extraordinariamente extenso… No, se dirigen a Europa, un conglomerado de países pequeños o muy pequeños, con problemas de nacionalismos, de «crisis», de cohesión. Mientras los islamistas se deben estar partiendo de la risa, por lo bien que les ha salido la jugada, y los países más próximos y adecuados se están fumando un puro; Europa entra en pánico sin saber qué hacer y con varios de sus estados riñendo ya entre sí, por esta causa.

El Referendum británico sobre la permanencia en Europa del Reino Unido es otra causa de preocupación y el TTPI planea sobre nuestras cabezas, prestas a volverse transgénicas, hormonadas y a merced de las multinacionales de Estados Unidos.  Y aún hay otro asunto que han puesto sobre la mesa los papeles de Panamá: los paraísos fiscales. Es una historia vieja, la propia Europa alberga bastantes de estos paraísos, y es Europa la que tiene un presidente, Junkers, procedente de un paraíso fiscal. De manera que nuestros poderosos van a seguir sin pagar impuestos, y los infelices que sí los pagamos, seremos presos de la melancolía al pensar que si esos extraños patriotas hubieran cumplido en su país con sus obligaciones fiscales, seguramente no habrían sido necesarios los recortes y quizás, ni habría habido crisis.

En fin, que la Unión Europea ha conocido mejores momentos. Pero, aún así, tal vez por mi tendencia a las causas perdidas, yo tengo que declararme profundamente europeista. En primer lugar porque amo a Europa, pero también porque creo que es la última y única solución para España. En efecto, si la unión de Europa llegara a lograrse alguna vez, habría llegado el remedio para España. Porque dentro de esa unión podríamos tener gobiernos formados por europeos, dada la incapacidad patológica de nuestros políticos (en el mejor de los casos, cuando sólo son inútiles y no ladrones). Llegados a este punto podríamos tener un Presidente británico, un ministro de Fomento holandés, un ministro de Justicia austriaco, un ministro de Economía alemán, un ministro de Cultura checo, un ministro de Educación francés, un ministro de Sanidad húngaro, etc., etc.

Una vez instaurado este sistema se mantendría durante dos o tres generaciones y se dejaría que los políticos españoles se fijaran y trataran de aprender. Al cabo de ese tiempo se les podría permitir que fueran asumiendo labores de gobierno, muy vigilados y demorando al máximo su manejo de fondos públicos. España estaría salvada, y seguramente podríamos hacer uso de nuestras buenas cualidades como pueblo.

Por ello permítanme que exclame: ¡Viva Europa!.

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