CORRUPCIÓN VS DESARROLLO

Hay aspectos de la corrupción que seguramente no se han tratado con el detenimiento que merece el fenómeno. Se trata de profundizar algo más en sus implicaciones directamente económicas, en sus más amplias relaciones, no por silenciadas o soslayadas menos importantes.

Una porción muy importante de este robo a mansalva producido en España se lo lleva la obra pública. Las peculiaridades más castizas de esta clase de corrupción marcan este importante sector económico de forma inconfundible, con sus precios inflados, sus presupuestos crecientes tras la adjudicación y el omnipresente capítulo de las mordidas. En una estimación muy prudente se puede estimar en no menos de un 30 % el encarecimiento artificial que supone en estas obras la existencia de estas prácticas.

El efecto de estos procedimientos es absolutamente devastador. Baste sólo pensar por un momento en lo que supondría incrementar en un 30 %, mínimo, la propia obra oficial, en el volumen de obra que habría podido alcanzarse, en puestos de trabajo, en la industria auxiliar y de la construcción, en la actividad en general. Es decir, aquí el hecho no comienza y termina en el acto en sí de robar en una actividad en concreto, aquí induce a su alrededor una serie de consecuencias que lo hacen mucho más letal y más odioso. Y, obviamente, no se ha robado solamente en el campo de la construcción.

¿Por qué creen que en España, por ejemplo, tengamos tanto Ave (estamos entre los primeros países del mundo en este tipo de transporte) y por contra, por ejemplo, la investigación científica esté prácticamente abandonada? La explicación es bien inmediata y sencilla: el Ave, con sus enormes presupuestos, se presta a toda suerte de «apaños» (de los que la prensa refleja un constante goteo) mientras que los investigadores, pobrecicos, poco pueden aportar en el fundamental capítulo de las mordidas.

Mientras sigamos con esta clase política cleptómana, unida a los empresarios-estraperlistas, y demás depredadores de la economía, es evidente que no vamos a ninguna parte, ni siquiera a la cárcel para estos próceres tan espabilados, pues también ha quedado muy claro que estos figuras (si es que los pillan) se van siempre de rositas y, ante todo y sobre todo,, no devuelven ni un céntimo de lo afanado. Es lo que establece «El Sistema».

Está por evaluar y tasar la repercusión de la corrupción en la economía de España, y quizá sea mejor así, porque podríamos reventar de rabia e indignación.

Verdaderamente, en este país hemos robado por encima de nuestras posibilidades.

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