Volvió a suceder: Bruselas. Nueva York, Madrid, Londres, París y tantos otros lugares. Parece que la violencia islamista es algo más que una anécdota y que los gobiernos han empezado a enterarse. Ciertamente, no todos los musulmanes son unos criminales, incluso cabe decir que lo son solamente una excepción, pero esto sólo afronta las cosas a medias.
Los bienpensantes consideran que estos atentados constituyen casos aislados, que no pasa nada y que todo está bien. ¡Ah, y que hay que ser tolerantes! Empecemos por fijar las condiciones propias de la tolerancia. Para empezar, nos parece que, en ningún caso, tolerancia total y a toda costa. Algunos sólo somos tolerantes a partir de unos valores mínimos compartidos, fundamentalmente los Derecho Humanos. Fuera de esto entendemos que sólo cabe adoptar una actitud defensiva.
Y los musulmanes no respetan los Derechos Humanos en primer lugar por la manera en que tienen a la mujer. Esta forma de sojuzgar a la mujer, a la mitad de su población, es una clara violación de los Derechos Humanos y por simple instinto de conservación debería prohibirse la entrada en Europa a todo el que no respete rigurosamente los Derechos Humanos. Y no sólo por lo que supone esta violación sino también porque en ella muy bien pudiera estar el germen de la violencia que parece anidar en el corazón de los musulmanes, aunque sólo unos pocos alcancen a exteriorizarla de la forma más salvaje.
Cierto que todas las religiones son bastante misóginas, pero hay grados y, sobre todo, la supuesta inferioridad de la mujer entre nosotros no está recogida en las leyes ni en la organización de nuestras sociedades civilizadas. Entre otras cosas porque la religión permanece circunscrita a su ámbito y no induce prácticas obligatorias a la generalidad de la población. En el caso de los musulmanes es público y notorio que la declarada inferioridad de la mujer forma parte de su Ley y su vida en el más amplio sentido de la palabra. Y esto es algo que en Occidente fingimos no advertir, en un auténtico alarde de hipocresía y cinismo.
¿Venganza? ¿Acaso la barbaridad de las Cruzadas entonces puede justificar tanta brutalidad ahora? Y de eso ya hace algunos siglos. En Europa hasta ayer mismo (todavía hay supervivientes) nos hemos estado matando a mansalva y sin cuartel, todos contra todos y casi de manera permanente. La Historia no es un cuento de hadas y la Humanidad no podría sobrevivir sin importantes dosis de olvido e incluso de perdón. Es otra de las cualidades de Europa, de esa detestada Europa a la que todos quieren venir.
Pero es evidente que tener a la mujer como a un animalito doméstico es algo que vulnera los Derechos Humanos de forma clamorosa. Los países más feroces en esta discriminación deberían ser dotados de un cordón sanitario que los mantuviera aislados y en cuarentena mientras persistan en éstas prácticas. Seguramente acciones de este tipo serían mucho más eficaces que la guerra en la lucha contra el yihadismo.
Me doy cuenta de que estas consideraciones no son políticamente correctas, pero es que yo, debo confesarlo, creo que la mujer es un ser humano.