SENADOS

Ahora que parece que nos encaminamos a un tiempo de reformas, gracias a los nuevos partidos (a la fuerza ahorcan), parece oportuno referirse a la controversia sobre la supresión del Senado. Se discute si conviene un sistema con una sola Cámara o mejor mantenerlo bicameral como en la actualidad. En síntesis, los partidarios de suprimir el Senado aducen que es un órgano inútil y muy caro, y los partidarios de mantenerlo sostienen que, aún así, queda muy bonito¸ además, los partidarios del Senado se encuentran ante lo que suele denominarse una línea roja, la que supone preservar este filón de puestos-chollo para repartirse entre los políticos

En todo caso me parece que la polémica sobre si una o dos cámaras está bastante superada. A estas alturas más bien habría que plantarse ¿por qué no tres Cámaras? Y, ya puestos, por qué no llegar a la media docena? Es indudable que esto está más en la línea de la idiosincrasia de nuestra vida pública. Imaginamos el entusiasmo en nuestra abigarrada gente de la política, enriquecida así con una legión de nuevos representantes del pueblo, no limitándonos cicateramente a diputados y senadores sino incorporando a todo un selecto elenco de apoderados, delegados, comisionados (de comisiones en efectivo, por supuesto), comitentes, encargados, observadores, compromisarios, mandatarios, mandaderos, encomenderos, depositarios, comisarios, etc., etc.

Y, por supuesto, toda esta legión de Padres de la Patria acompañada de sus correspondientes e inseparables colaboradores: asesores, adjuntos, asistentes, agregados, amiguetes, testaferros, ayudantes, apegados, conmilitones, fautores, pasantes, palafreneros, palanganeros, lacayos, mamporreros, edecanes, consejeros, arrimados, compadres y toda la suerte de paniaguados que estos próceres consideren necesarios para el desempeño de su alta misión.

Pero todavía queda lo mejor. Naturalmente, todo este tinglado sería trasladado y reproducido en todas y cada una de las autonomías. Sin duda, nuestros políticos se pondrán a salivar copiosamente con esta propuesta, ante la posibilidad de tener más puestos aún para repartirse y ante lo que sería la apoteosis de nuestro prodigioso Estado de las Autonomías.

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